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2009

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Esta es la época en la que las empresas elaboran su presupuesto para el año entrante.

Para poder hacer ese ejercicio financiero se debe partir de unos pronósticos sobre la más probable evolución de algunas variables macroeconómicas. Con el ánimo de aportar elementos de juicio para esa planeación, describo a continuación —de manera sucinta— el escenario económico que vislumbro para 2009 (después de estudiar los vaticinios de diversas fuentes expertas en la materia).

*Crecimiento del PIB del orden del 3,5%.

* Inflación del 6,2%.

* Descenso de medio punto porcentual en el costo del dinero.

* Aumento del desempleo entre 0,5 y 1,0%.

* Tasa de cambio promedio en el rango entre $2.200 y $2.300 por dólar.

* Déficit fiscal —del sector público consolidado— cercano al 2,0% del PIB.

* Déficit en cuenta corriente del 3,0% del PIB.

En resumen, 2009 posiblemente será un año con una mezcla de cosas positivas (menor tasa de interés, tasa de cambio competitiva, inflación moderada) y de cosas negativas (mayor desempleo y menor crecimiento económico), con desequilibrios manejables en la balanza de pagos y en las finanzas públicas.

Sin embargo, para muchas empresas, el año entrante podría ser favorable si aprovechan las oportunidades que brindará la reciente devaluación del peso colombiano. Las compañías exportadoras tendrán una tasa de cambio atractiva, que hará rentable la conquista de nuevos mercados. Y las firmas cuyos productos compiten contra bienes importados podrán recuperar ventas que han perdido por culpa de la revaluación.

Adicionalmente, vale la pena insistir en la necesidad de que las empresas que operan en el país sean mucho más agresivas en la penetración de los mercados de dos economías que seguirán creciendo a tasas elevadas —China e India—. Cuando se analizan las exportaciones colombianas a esas dos naciones y se comparan esas cifras con su volumen y variedad de importaciones, se concluye que prácticamente todo está por hacerse.

Otra consideración importante que deberían tener en cuenta las empresas en sus planes para el año venidero es que no conviene aplazar o recortar sus programas de inversión. Porque si bien es cierto que 2009 no será un gran año, las inversiones deben hacerse pensando en el mediano y largo plazo. Y en este horizonte de tiempo es factible que —tanto en el ámbito local como en el internacional— se recupere el dinamismo de la economía.

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