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Álvaro Restrepo Hernández es el fundador y director del Colegio del Cuerpo, una de las instituciones más destacadas de Colombia.
Restrepo, bailarín y coreógrafo de danza contemporánea, ha hecho en esta escuela una labor formativa que ha recibido los mayores elogios en el país y en el exterior. En esencia, desde hace 10 años recibe a niños talentosos de los barrios más pobres de Cartagena y los convierte en artistas de valores éticos y estéticos.
La semana pasada se graduaron del Colegio del Cuerpo los primeros profesionales, quienes recibieron el título de Licenciado en Educación en Danza, de la Universidad de Antioquia y la Universidad Tecnológica de Bolívar, entidades que con el Ministerio de Cultura han hecho posible que esta labor reciba una certificación académica especial.
Ese día, Restrepo recibió el mismo título de sus estudiantes, con grado Honoris Causa. Justo premio a una vida consagrada al arte, en la que ha enfrentado enormes desafíos personales y profesionales, de los que ha salido airoso por su gran inteligencia, su sensibilidad y perseverancia a prueba de todo. Tengo la inmensa fortuna de conocer de cerca a Álvaro desde la niñez, y casi medio siglo después me llena de alegría ser testigo del reconocimiento a una tarea excepcional que lo hace merecedor del mayor título: Maestro.
Marie France Delieuvin, artista francesa codirectora del Colegio del Cuerpo, escribió un texto en el que define muy bien qué es un maestro: “El maestro es el padre, el amigo, el amor, lo incomprensible, el sabio, el modelo, lo inaccesible, lo siempre presente, la suma, la aventura, lo ‘todo es posible’, lo siempre nuevo”. Y Paul Johnson, en su libro Creators, expresa ideas que reflejan la creatividad del Maestro Restrepo: “La creación es una labor maravillosa, a pesar de las grandes dificultades que entraña. Implica una vida llena de aspectos peculiares y extrañas satisfacciones… La creatividad verdaderamente original y de calidad superior con frecuencia refleja un enorme coraje”.
El siguiente paso del Colegio del Cuerpo será trascendental. En Pontezuela, a las afueras de Cartagena, se quiere construir su gran sede, que se dedicará a la formación corporal e integral en artes y oficios relacionados. Es una inversión que los gobiernos y los empresarios de Colombia y de otras naciones deben hacer para darle aún más vuelo a esa maravillosa “Fábrica de Alas” (expresión del Maestro Álvaro).