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Ni ocho, ni ochenta

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El Gobierno afirma que la economía está experimentando una leve desaceleración temporal. La oposición sostiene que estamos al inicio de una crisis económica duradera. Ninguno de los dos tiene la razón.

Como reza el refrán brasileño, “ni ocho, ni ochenta”. Es decir, ni el pesimismo excesivo de los críticos ni el optimismo oficial sin fundamentos reflejan lo que está sucediendo y podrá ocurrir en el futuro cercano de la economía colombiana.

La economía internacional, que durante el pasado lustro impulsó el PIB nacional, hoy está bastante débil.  En la Unión Europea se registró una contracción, la primera desde la creación del euro. El Reino Unido está atravesando serias dificultades. Estados Unidos sigue al borde de la recesión. China e India crecerán a un ritmo anual dos puntos porcentuales por debajo de sus tasas de la última década. Y la actividad productiva japonesa languidece. Todo esto por supuesto le quita vigor a la economía colombiana, al mermar la demanda del exterior por nuestros bienes.

Además, el aumento en el costo del dinero, el alza de la inflación, y la revaluación del peso han servido de lastre de la actividad económica en el país. Así lo confirman diversas estadísticas sobre comercio, empleo y actividad industrial divulgadas recientemente.

Todo lo anterior ha hecho que la mayoría de  los expertos ajusten sus pronósticos de crecimiento del PIB para este año y el próximo a un nivel  del  4 al 4.3% anual. Esto implica un descenso de casi tres puntos porcentuales frente a la dinámica del año pasado, pero no hay que olvidar que 2007 fue el mejor año de la economía colombiana en más de 30 años.

Crecer a este ritmo no es ideal, pero tampoco es un desastre, como lo quieren pintar algunos. Será superior a  la tasa histórica de crecimiento de la economía nacional desde los años setenta, que es del 3.8%. Y vale la pena recordar que hace cinco años el presidente Uribe organizó  reuniones de economistas y empresarios en el palacio de Nariño –las tertulias  del crecimiento– para encontrar fórmulas que le permitieran a la economía crecer al 4% anual.

Sin embargo, el equipo económico sí debe reconocer que las premisas sobre las que construyó el presupuesto de 2009  no son realistas. La economía no crecerá al 5% y será imposible que los ingresos tributarios se incrementen en un 12%. Hay que aterrizar y hacer los ajustes del caso.

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