Publicidad

Criaturas domésticas

Melba Escobar
13 de julio de 2016 – 03:21 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Dice Virginia Woolf en Una habitación propia (1929) que tuvo más importancia en el siglo XVIII la literatura escrita por mujeres sobre la historia de la humanidad, que acontecimientos como las Cruzadas o la Guerra de las Rosas.

Cuando la mujer de clase media empezó a escribir, la ficción doméstica empezó a ir mucho más allá del hombre como animal político, del lenguaje y su poder, para explorar otras formas de relaciones, de autoridad, control y conquista, narradas y protagonizadas a menudo por mujeres. 

La mujer británica pronto empezó a asumir una soberanía sobre la vida privada, sus objetos y prácticas. El ocio, el hogar, el cortejo, los modales, las relaciones de parentesco, la cocina, entraron a hacer parte de su dominio.

Es así como las mujeres, aunque fuese en un pequeño espacio, adquirían un poderío que les iba dando un estatus y un perfil distintos ante la sociedad. Con pocas excepciones, el género femenino solía ser definido como emocional y subjetivo, mientras que el hombre conservaba sus rasgos de racionalidad y poder: “Sin embargo, en la ficción del siglo XIX, los hombres ya no eran tanto criaturas políticas cuanto productos del deseo y productores de vida doméstica”, escribe Nancy Armstrong en su libro Deseo y ficción doméstica.

Si bien en los siglos XVIII y XIX aparecieron voces femeninas, recreaciones de la mujer como sujeto emocional, apasionado o doméstico, novelas, ilustraciones y personajes, para Armstrong todo eso fue tejiendo el mundo en el que aun vivimos, un mundo fragmentado entre la esfera masculina y femenina, donde la cultura y la economía son esencialmente regidas por este mundo binario.

Hoy en día, la identidad sigue siendo enteramente definida en términos de masculino y femenino. Y esto a pesar de las políticas progresistas, de los movimientos por la igualdad, del derecho a la diferencia, de la tolerancia a la diversidad sexual y la creciente materialización institucional y jurídica de estas posturas.

Esta contradicción del mundo contemporáneo, donde convive una iniciativa para erradicar la pregunta sobre el género en formularios institucionales, así como los baños para hombre y para mujeres, con la costumbre de regalar ropa rosa a una hembra y azul a un macho que está por nacer, resulta, a lo menos, confusa. Para una niña de tres años, las películas de princesas, los relatos del amor, el “fueron felices para siempre”, el gusto por los bebés y el juego al papá y la mamá sigue siendo frecuente un día como hoy. Así mismo, es frecuente ver a mujeres conseguir una cuota de poder o de importancia intelectual al denunciar las vejaciones a otras mujeres, hablar de su victimización y su indefensión en la sociedad.

El relato de hombres y mujeres sigue siendo el mismo que encuentro en novelas como Jane Eyre, Cumbres Borrascosas o Mrs Dalloway, en su lectura de la sensibilidad, la búsqueda del deseo y la sexualidad latente. Como en mi caso, hace casi cuatro décadas, mi hija ve Rapunzel, quiere tener el pelo largo y le gustan las historias de princesas. A lo mejor el mundo binario de hoy no es muy distinto al de hace tres o cuatro siglos, así una mujer sea desde ayer la primera ministra de Gran Bretaña.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido