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Demasiado ruido

Melba Escobar
18 de noviembre de 2015 – 09:41 p. m.

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Un par de horas después de los atentados en París, en Facebook prolifera la bandera francesa, la Torre Eiffel con el símbolo de paz y amor, alguna cita de Voltaire. Un poco después, alguien se ofende: “las banderas no sirven para un culo”, dice.

Más tarde, otro está molesto porque “nos duelen los muertos parisinos pero no los libaneses o sirios”. No falta quien acusa a sus amigos de encontrar en todo esto una excusa para sacar a relucir el álbum de fotos de sus viajes a la capital francesa. Cuánta mezquindad y cuánto ruido.

Todos sabemos que lo que está pasando ahora no es un hecho aislado. Que las cuatro guerras en Afganistán, Iraq, Libia y Siria de los 13 últimos años han tenido intervención extranjera y que, sin excepción, la intervención de occidente ayudó a impulsar una guerra civil en estos países.

Los afectados directos del Estado Islámico son mil seiscientos millones de musulmanes en el mundo. Casi una cuarta parte de la humanidad. Leo que Arabia Saudita estimula el fascismo islámico, veo que para algunos la contradicción está en que Estados Unidos les declaró la guerra a los países equivocados mientras sigue siendo socio de Arabia Saudita. Hipocresía. La misma hipocresía que llevó a inventarse un conflicto para distraer a un país de sus problemas internos. Leo que la de Iraq, como la del Golfo, fueron guerras mediáticas orquestadas por la oposición local y por Estados Unidos, quienes llevaban a los reporteros a la escena, incluso construían la escena. Leo que algunos de los yihadistas son mercenarios. Muchos salen de la miseria, como pasa en Afganistán, donde se acostumbraron a ver pasar las camionetas cuatro por cuatro con los ciudadanos de alfombra roja, mientras a su paso solo dejan polvo para sus estómagos vacíos. Pienso que en Colombia pasan cosas similares, nos hemos acostumbrado a la desigualdad, hemos naturalizado una especie de sistema de castas. La violencia es siempre fértil en las sociedades más desiguales.

Pienso que la inocencia de las víctimas de París o Beirut, como la inocencia de los cientos de miles de musulmanes que viven en regímenes secuestrados por el terror, son en gran parte resultado de gobiernos ineficientes, hipócritas, indolentes y crueles.

Cada vez más, grupos armados se toman el poder por la vía del terror. Y este poder es un poder que no conoce fronteras. A problemas globales, solo habrían de funcionar soluciones globales. Pero qué lejos estamos de cualquier solución razonable, mientras gastamos nuestra energía en tener la razón, en debatir el argumento contrario en un mundo binario, de buenos y malos, oriente y occidente, blanco y negro, donde nuestra condena no es otra que seguir aplicando eternamente la ley del talión: “ojo por ojo, diente por diente”, una práctica que acabará por dejarnos a todos ciegos cuando menos nos demos cuenta, pues estaremos demasiado ocupados defendiendo un argumento a gritos como para notarlo.

Desde el nivel individual, con nuestras estúpidas batallas en redes sociales, hasta los altos niveles de políticas internacionales, tener la última palabra parece ser una cuestión de vida o muerte. Llegados a este punto, tal vez lo sea, pues nos estamos matando por tenerla.

@melbaes

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