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La siniestra ideología de género

Melba Escobar
19 de octubre de 2016 – 09:00 p. m.

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El domingo pasado Brayan Garzón celebraba junto a su familia la llegada de su primer hijo.

Durante el shower, tuvo que pagar una penitencia. Le pintaron los labios de rojo, le untaron rubor en las mejillas. Cuando se acabó la reunión, con su esposa salieron para su casa. En el camino entraron a una tienda, donde unos borrachos la emprendieron contra él. Primero lo insultaron, luego la pelea fue subiendo de tono, él les pidió respeto, pero de nada sirvió. Una mujer sacó un arma blanca y a pocas cuadras del local lo apuñaló hasta matarlo.

Después de ver esa noticia me acordé del muchacho arrojado por el hueco de un ascensor hace cinco años en un conjunto de Bogotá porque tenía el pelo largo. Unos jóvenes lo lanzaron al vacío porque su “masculinidad” les resultó dudosa. Pienso en ellos y en mujeres como las víctimas de Fredy Armando Valencia, quien dejó a más de 16 mujeres muertas luego de abusar de ellas en su cambuche de Monserrate. En Colombia hay cuatro feminicidios diarios, 1.500 mujeres mueren al año a manos de hombres, casi siempre sus parejas.

Sin embargo, para Alejandro Ordoñez la amenaza está lejos de encontrarse en los hogares. Las “familias tradicionales” son para él una institución incorruptible que hay que defender a capa y espada. En su libro Ideología de género. Utopía trágica o subversión cultural, el exprocurador defiende la importancia de limitar las libertades de las mujeres, así como contener los derechos de la comunidad LGBTI, bajo riesgo de abrirle la puerta a perversiones como la zoofilia y la pederastia. Según él y otros abanderados del No, en los acuerdos de La Habana existía algo llamado “Ideología de género”. La paradoja es que, como explica Mónica Roa, la ideología de género fue un término acuñado en los 90 por el Vaticano para contener el avance de los derechos femeninos. ¿No será entonces él quien profesa la ideología de género, y no el Gobierno?

Enfoque de género, por su parte, no es otra cosa que la intención de garantizar la igualdad en dignidad, derechos y oportunidades para todas y todos los colombianos. Las familias tradicionales, las monoparentales, homosexuales, y cualquiera sean las variaciones que el afecto, el respeto mutuo y las formas de amar sepan construir, pueden ser espacios idóneos para criarse en el afecto, la protección y la confianza.

Ser un buen o un mal padre o madre nada tiene que ver con haberse casado, o con ser heterosexual u homosexual. Es más, si a eso nos vamos, la mayoría de los casos de maltrato a la mujer y a los niños ocurre dentro de sus propios hogares. Hogares tradicionales, dentro de la definición de Ordóñez. El peligro es que ese discurso, donde se atribuyen valores casi celestiales a la “familia tradicional” en contraste a todo y todos quienes puedan salirse del esquema, fomenta la violencia, la justifica, la cobija y bien la puede estar propiciando en casos como los mencionados.

La ideología de género puede ser un motor de violencia que hay que contener, empezando por mantener el enfoque de género en los acuerdos. Los derechos y la dignidad humana son para todos y todas. Ya lo decía la Constitución de 1991, no vamos empezar a caminar hacia atrás.

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