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Un país imaginado

Melba Escobar
01 de junio de 2016 – 03:55 p. m.

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En días pasados, mientras Salud Hernández estaba en manos del Eln, leí a alguien en redes sociales comentar que si la periodista de origen español estaba secuestrada era porque “se lo había buscado”.

Hemos normalizado la inversión de las culpas hasta tal punto que encontramos natural eximir al responsable y castigar a la víctima. Es una operación espontánea y comúnmente aceptada: ¿Para qué se fue a meter por allá? ¿Para qué salió con un tipo que no conocía? (como diría la abogada del caso de Rosa Elvira Cely) ¿Para qué sacó el teléfono en el bus? ¿Quién lo mandó a tomar un taxi en la calle? Acabamos por justificar la violencia.

En el caso del secuestro de Salud Hernández, no hay nada que lo explique o lo perdone. Su posición ideológica no le resta un ápice de coraje a su voluntad aguerrida, a su valentía para recorrerse un país donde los periodistas hablamos del conflicto desde la calidez de nuestros apartamentos, desde la tranquilidad de un café o desde una redacción y casi nunca desde el terreno.

Salud ha vuelto a recordarnos que el país tiene territorios sin presencia del Estado, zonas gobernadas por grupos al margen de la ley, en este caso por los elenos, donde el Gobierno no tiene el menor control. La periodista de origen español le dijo al guerrillero que la tenía en su poder: “Necesitamos garantías de que no volverán a secuestrar reporteros, necesitamos venir a estas regiones a informar sobre los problemas que existen aquí, no solo sobre los grupos armados”.

Hernández Mora, al igual que el periodista y el camarógrafo de RCN que fueron privados de su libertad, no se buscaron nada, estaban ejerciendo su oficio, como pocos osamos hacerlo en un país en guerra. Un país que más parecen países, en plural, de tan fragmentado, roto, descompuesto, pero sobre todo, de tan desconocido para casi todos quienes vivimos en zonas urbanas.

Poco a poco tendremos que ir pasando de la abstracción de un territorio al que vemos como un espacio fantasma de manchas ideológicas para irles poniendo nombre y rostros a sus protagonistas.

¿Cuántos podemos decir que conocemos la guerra de primera mano, que hemos escuchado a sus protagonistas de viva voz, visto a los ojos a sus víctimas, pisado las calles sin gobierno donde la ley son hombres armados con fusiles imponiendo sus caprichos?

Más allá de posturas ideológicas, que si izquierda, centro o derecha, construir la paz pasa por conocer el país donde vivimos. Personas como Salud Hernández o Alfredo Molano amparan sus convicciones por cuenta de haber recorrido trochas, ríos, selva y desierto. Ojalá con el tiempo esas miradas se amplifiquen y entre todos vayamos convirtiendo esas manchas que vemos como a través de un vidrio empañado al que hemos permeado de teorías y de ideologías sin rostros ni historias, en un paisaje claro, transparente y familiar, con protagonistas de carne y hueso, con una historia, un pasado, unos miedos, unas necesidades y deseos muy concretos. Ojalá ese país imaginado del que tanto hablamos pero al que conocemos tan poco, se vaya haciendo más nítido, enfocado y concreto. Construir la paz pasa por comprender en qué país vivimos.

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