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Que las bebidas fermentadas están de moda es al mismo tiempo una gran verdad y una gran mentira. No se puede negar que en los últimos meses se han convertido en el centro de atención de los foodies de medio mundo, pero, por otro lado, la fermentación es una técnica antiquísima de preparación de alimentos y bebidas de hace más de 2 mil años. Sus beneficios según la OMS, son entre muchos ayudar a reducir molestias digestivas, gracias a que son una de las mejores fuentes de probióticos para mejorar la flora intestinal. En Colombia cada vez más aumenta la oferta de estas bebidas, por eso me fui a probar algo tan nuestro y ancestral como la chicha y algo tan nuevo y en tendencia como la kombucha.
Cuando probé la chicha o fapqua, fue como volver a un amante olvidado que encerraba un aura de misterio y olvido, su cuerpo como totuma guardaba un olor particular que se había impregnado en él. Probar su melao me hizo suavizar el ácido que escondía en su interior, y me hizo sentir que me bebía un recuerdo de una aventura pasada. No puedo negar que hay algo místico alrededor de la chicha, esta bebida ancestral fermentada a base de maíz, que nunca murió, solo estaba de parranda y que ahora volvió como aquel amante, solo para tentarnos de tomarla de nuevo.
Si es la primera vez que va a tomar esta bebida milenaria, recomiendo pasar al museo de La bendita, para que como yo no solo “harte chicha”, sino que conozca más de la historia de esta bebida y la disfrute paso a paso como lo indica el ritual.
Ahora la dicha de tomar chicha, puede hacerse también en la Perseverancia, entre la Calle 32 entre Carreras 3a y 4ª, aquí la chicha no es una bebida, es una tradición. Allí puede entrar a sus tiendas y lo primero que le van a ofrecer es un vaso de chicha que puede valer 500 o mil pesos. Puede conseguir embotellada en presentación familiar o personal por 4 mil pesos.
La Chichería Demente es otra nueva opción para tomarla, ubicada en la Concepción en una imponente casa de los años veinte, en la calle 69 con carrera 15, abajo de la avenida Caracas, ésta propuesta rústica trae un menú de piqueteadero gourmet, aunque su especialidad son las carnes, una de sus delicias son las empanadas de plátano rellenas de queso ricota y manzana, que puede acompañar con una gran variedad de chicha desde 11 mil pesos, la cual es fabricada en barrios tradicionales de la ciudad. Promover el consumo de chicha es uno de sus objetivos, aparte de querer rescatar la cultura de volver a sentarse a la mesa sin afán en compañía de una bebida tradicional y llena de historia.
Por otro lado hay una bebida fermentada que se ha venido posicionando a nivel mundial como saludable y deliciosa, sin alcohol pero perfecta para mezclar con él.
La kombucha no es ni chicha ni limonada, es un híbrido entre bebida energizante y saludable sin alcohol de gran variedad de sabores y mezclas que no permiten sea etiquetada en una sola categoría. Como la chicha tiene su ritual, se sirve en copa de vino, se agita unos segundos antes de probar, se mira a los ojos y se disfruta sin remordimiento alguno. Es refrescante como un nuevo amor y ácida como uno viejo, se dice que esta bebida milenaria fue originada en la China y era conocida como “el elixir de la vida”. Es preparada a base de té dulce, que es fermentado gracias al hongo conocido como SCOBY.
Poco a poco van apareciendo marcas para llegar al creciente mercado, como Kombucha la fantástica y Ok Kombucha, pero encontrarme con Happy Kombucha (Cra 22 # 75-18) ha sido como encontrarme a un viejo amigo pero con la expectativa de que trae una nueva amistad, desde que entras a su laboratorio “secreto” no tan secreto, pues la casa rosada de tres pisos en el barrio San Felipe es imposible de evitar, su dueño Camilo Reyes ha creado una marca que captura la esencia de esta bebida, refrescante, llena de color y energía, este surfista y empresario, encontró en la kombucha una oportunidad para que la gente tuviera una alternativa más saludable a la hora de consumir una bebida.
Si hay algo que me gusta además del sabor, es que Happy Kombucha es una marca que está comprometida a sembrar árboles y a apoyar la agricultura orgánica, creen en la conexión mente, cuerpo y como esta se relaciona con el planeta, por eso como en los tiempos del lechero, sus botellas son reutilizables y rellenadas con cada orden. Se compra una sola vez, a un precio mínimo de 6 mil pesos y varía de acuerdo al tamaño, las pueden usar una y otra vez, además convierten en abono todo el desperdicio orgánico.
Queda claro que estas dos bebidas están tomando cada vez más fuerza en los restaurantes de todo el país y sobre todo empiezan a ser parte de la canasta familiar. La chicha comienza a volver de los recónditos rincones de la memoria de campesinas de trenzas largas, para alegrar las fiestas importantes, las largas jornadas de tejo y las comidas familiares, su panorama de alcance es cada vez más grande y la kombucha llega pisando fuerte como una bebida no sólo rica en antioxidantes sino en sabor y estilo de vida saludable, juntas son la mezcla entre lo mejor de lo tradicional y de lo nuevo, sin duda son más que una moda que ha llegado para quedarse.