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China superará en algún momento de 2014 a Estados Unidos como mayor economía del mundo y, aunque está ya sólidamente instalada en África, eso no le parece suficiente, y América Latina anda muy arriba en la lista de sus intereses internacionales.
La reciente gira del canciller chino Wang Yi, que lo ha llevado a Cuba, Venezuela, Brasil y Argentina, y que en otras circunstancias podría catalogarse de medio protocolaria cobra, sin embargo, una considerable importancia.
El recorrido, entre el 18 y 27 del mes pasado, era un ensayo general para una visita de mayor calibre: la del líder supremo, Xi Jinping, quien asistirá en julio a la cumbre de los BRICS (Rusia, India, China, Sudáfrica y Brasil) en este último país, y tras la magna reunión se verá con los jefes de Estado de Costa Rica —país con el que negocia la creación de una zona económica exclusiva—, Cuba, Ecuador y de nuevo Dilma Rousseff, la presidenta brasileña.
La selección de ‘agraciados’ con la visita es todo menos casual. El interés por Cuba, en lo que se hermana con Brasil, es primordial; China cree en las reformas de Raúl Castro y no está dispuesta a renunciar a una posición de privilegio para el día en que, con castrismo o sin él, Cuba vuelva a ser plenamente capitalista, como lo es ya el antiguo Imperio del Centro; de los cuatro países incluidos en la gira tres pertenecen a Mercosur —Cuba, Venezuela y Argentina— además de estar vinculados, aunque sea vagamente en el caso de Buenos Aires, a la vitola bolivariana. Y la búsqueda de algún tipo de asociación de facto con Brasil es evidente, potencia a la que le unen apetencias comunes como la pretensión de que se reforme, dando mayor papel al mundo emergente, el funcionamiento del FMI y el hipotético ingreso de Brasil en el Consejo de Seguridad de la ONU. Parece, por todo ello, inevitable sumar a la lista de opciones preferentes de Pekín el Mercosur, de inclinaciones proteccionistas que, así, pasa por delante de la Alianza del Pacífico, de inspiración librecambista, a la que pertenece Colombia junto con México, Perú y Chile, y una de cuyas razones para existir consiste precisamente en aprovechar el boom económico chino.
No significa lo anterior que China haya elegido irremisiblemente a unos contra otros, porque el Imperio del Centro jamás pondrá todos los huevos en el mismo cesto; en consonancia, aunque respalda al gobierno venezolano ante la protesta ciudadana, añade que apoya el diálogo con la oposición y considera un ‘asunto interno’ el desbarajuste que hoy vive Caracas. La gira es asimismo una respuesta anticipada a la del presidente norteamericano Obama por el Pacífico, con explícito refuerzo a sus aliados Japón, Corea del Sur y Filipinas, que sólo cabe entender como reclutas contra China, a la vez que aplicación de la máxima ‘si tú buscas amigos en mi vecindario, yo los busco en el tuyo’.
El vínculo que comienza a cobrar peso entre China y Brasil constituye el meollo de toda esta operación. Las dos potencias coinciden en sus intereses en Cuba, así como en el África negra donde sus mutuas inversiones, económicas y diplomáticas crecen sin cesar, y cabe que hoy quieran mirar de no estorbarse en el futuro; a finales de 2012, Pekín acaparaba el 12% del comercio exterior de Brasilia contra 19% para toda la UE, y 11,9% de Estados Unidos, que hace sólo una década era del 20%. Por eso se puede hablar de intrusos en el antiguamente llamado ‘patio trasero’ de Washington.
Hay una profunda coincidencia entre la manera de estar de ambas potencias en el mundo. Con Lula, Brasil sufrió un ataque agudo de riqueza acompañado por una presunta transformación en gran potencia, que propiciaba la hiperactividad internacional del presidente exobrero metalúrgico, hasta llegar a cotas pirotécnicas como su pretensión de arreglar el contencioso entre Washington y Teherán sobre los usos del átomo; pero que también ha conocido éxitos notables, aunque ya en el mandato de su sucesora Rousseff, como el nombramiento en septiembre de 2013 de Roberto Azevedo, director general de la OMS, carrera en la que derrotó precisamente a otro país de la Alianza, México, que ambicionaba esa posición.
La protesta popular por la que pasa hoy Brasil contra el derroche, la mala gestión y el enriquecimiento ilícito que suscita la construcción de infraestructuras para el Mundial de Fútbol, cuya inauguración tendrá lugar el 12 de junio con la obra a medio acabar, y la aún más ingente para los Juegos de 2016, puede ser el reflejo de una mera crisis de crecimiento o, mucho más grave, estructural. Ese podría llegar a ser el lunar en la ofensiva latinoamericana de China. Pero al día de hoy Colombia y la Alianza del Pacífico quedan en un relativo segundo plano.