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Ni chispas de oro…

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Imaginémonos lo que sería verter 230.000 kilos de anfo y 40.000 kilos de cianuro al día sobre un páramo del cual se surten de agua cerca de dos millones de personas.

Según los mineros, no sucedería nada, pues la tecnología de “punta” mitigaría todos los posibles impactos, brindando progreso económico y prosperidad a la región. Según la lógica de la vida, esta esperanza de prosperidad tendría un costo tan alto, que no podría ser pagado ni siquiera con las 16 toneladas de oro y 72 toneladas de plata que anualmente pretenden ser extraídas del páramo de Santurbán por la multinacional canadiense Greystar Resources Ltda. Esto nos sitúa en el epicentro de un gravísimo conflicto socioeconómico, ambiental y ético, de cara a lo que significa extender sobre los cimientos de la vida los rieles por donde habrá de transitar la “locomotora” minera del gobierno Santos.

Este conflicto comienza a gestarse desde 1994, cuando llega Greystar al territorio santandereano, inoculando en la población la ilusoria imagen de un “progreso” basado en el oro, ya no en los pequeños granitos dorados que se recogían del río artesanalmente, sino en una explotación industrializada, que transformará radicalmente el territorio; como triste y proféticamente lo señala un campesino de la región: “Cuando ellos saquen todo, ni chispas de oro, ni mucho menos río…”.

Es evidente entonces que el impacto no es sólo sobre el páramo y su compleja red ecosistémica.

Pero este reclamo dista de ser ligero y antidesarrollista como pretenden hacerlo ver algunos funcionarios del Ministerio de Minas y Energía y de la Greystar Resources Ltda., quienes de la mano de una visión donde el dinero predomina sobre la vida, manifiestan que son sólo “pataletas de ambientalistas radicales”.

Así las cosas, queremos hacer eco de este justo reclamo ciudadano, pidiendo al Gobierno Nacional que de conformidad con la normatividad actual, y actuando sobre la base del “Principio de precaución”, garantice la justicia ambiental en el territorio colombiano, impidiendo de manera rotunda que se efectúen proyectos de explotación minera en nuestros páramos, pues estamos convencidos de sus nefastos impactos, amparados en el sencillo, sabio y contundente argumento de que el oro no vale tanto como el agua y de que la vida en todas sus formas prima sobre el crecimiento económico.

*Antropólogo, ambientalista e investigador social. Miembro del Movimiento Ciudad Habitable.

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