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Extraña sensación

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EL REGRESO A SUS HOGARES DE LOS secuestrados liberados por las Farc produce una extraña sensación. Está la alegría que producen las imágenes de los reencuentros. Tantos años de sufrimiento injusto concluyen con abrazos y lágrimas que llegan al corazón de todos los colombianos.

Pero al mismo tiempo hay amargura, rabia e incomodidad. Amargura pues no puede uno olvidar que hay cientos de otros secuestrados —canjeables y simples ciudadanos— que siguen padeciendo los horrores de las torturas infligidas por las Farc. Rabia porque este grupo guerrillero martiriza a miles de familias de colombianos injustamente secuestrados, mantenidos en condiciones infrahumanas y utilizándolos como medio de chantaje para obtener réditos políticos. Incomodidad porque en este proceso de liberación hay muchas agendas ocultas que se esconden bajo el manto “humanitario”.

La más oscura de las estrategias es la de la guerrilla. Sólo los ingenuos pueden creer que se trata de una “señal positiva” hacia una negociación de paz. Es evidente que las Farc necesitan recuperar espacio en los medios internacionales luego de los duros golpes que sufrieron en 2008. Es lo que buscan con lo que cínicamente denominan como “un gesto de buena voluntad”. Saben que ocupan durante varios días la escena mediática y que las imágenes desgarradoras producen un fuerte golpe en la opinión nacional e internacional. Ellos, los más grandes violadores del derecho humanitario, se dan un baño de popularidad.  Poco claras son las intenciones del grupo acompañante de las liberaciones. Quedó claro que su objetivo es utilizar el evento para atacar al Gobierno y debilitarlo. Su juego es tan poco transparente, que los colombianos se dan cuenta de sus verdaderas intenciones. Lamentable que su oportunismo desnaturalice estos momentos cargados de emoción.

 En cambio, muy claro es el objetivo de la senadora Córdoba. Necesita con urgencia reposicionarse como la única interlocutora aceptada por las Farc. Es cierto que, con sus aliados Chávez y Correa untados hasta la médula por el computador de Reyes, había quedado muy comprometida. El éxito de la ‘Operación Jaque’ había sido un duro golpe para su estrategia. Los secuestrados más prominentes fueron liberados sin su intermediación. Era urgente volver al centro de la escena y recuperar su papel protagónico.

Lo que resulta lamentable es que nuevamente se escuchen los trillados argumentos a favor del intercambio como única opción para resolver el tema del secuestro en Colombia. ¿Y los otros secuestrados que no son canjeables por qué no están en la lista de las Farc? Ellos no son importantes porque no cumplen con el requisito de brindarles un pantallazo a la guerrilla y a los promotores del intercambio. Ellos son los grandes olvidados de este drama donde abundan el oportunismo y la falta de coherencia.

La libertad de un secuestrado es una enorme alegría para todos. No importan las manipulaciones del grupo acompañante y sus agendas paralelas, el infinito protagonismo de la senadora y el acoso desmedido de los medios de comunicación a los secuestrados y sus familias que requieren privacidad y serenidad. ¡Que viva su libertad!

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