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SIEMPRE HE DUDADO DE LAS TEOrías que se fundamentan en complots. Me parece que son buenos argumentos para películas de Hollywood, pero pocas veces aplican a realidades complejas como las que vivimos en Colombia. A veces parece evidente que hay manos oscuras que quieren manipular la coyuntura.
El mejor ejemplo es el tema de las grabaciones telefónicas. En este país los escándalos nunca terminan pues hay un reservorio infinito de grabaciones comprometedoras que son filtradas con cuenta gotas por personas cuyos intereses nadie identifica. Los antiuribistas culpan de todo ello al Palacio Presidencial. Pero en muchos casos, estas grabaciones perjudican al Gobierno, como es el caso de la yidispolítica o del ex fiscal Valencia Cossio. De hecho hay muchas más grabaciones contra el Gobierno, lo que desvirtuaría la tesis de la megaconspiración dirigida por las mentes diabólicas del sanedrín presidencial.
Las grabaciones de DMG han golpeado al Gobierno (por ejemplo el ex asesor presidencial para las regiones, Alfázar González) pero también a la oposición (los evidentes vínculos del descarado personero Rojas Birry del Polo Democrático). Magistrados, periodistas, políticos, funcionarios públicos, artistas, deportistas, cercanos y lejanos del Gobierno, todos están siendo grabados. ¡Incluso hay grabaciones del Presidente que aparecen en los medios! Graba el DAS, la Policía, el Ejército, la Fiscalía pero graban muchos más que nadie sabe ni conoce. Hay grabaciones legales, ilegales y todas ellas terminan siendo públicas. En Colombia no hay reserva sumarial ni nadie ha sido nunca perseguido por violarla (¿recuerdan a Serpa y Botero comentando la indagatoria de Santiago Medina horas después de haberse realizado el procedimiento?).
La prensa vive de este reservorio interminable de grabaciones y el país permanece en vilo esperando cuál será el nuevo personaje involucrado. Como una telenovela, cada semana tiene su capítulo. Pareciera como si alguien escribiera un libreto del escándalo nacional. Va dosificando los momentos de clímax y las semanas de descanso. Se trata de mantener al país bajo una incesante presión para que nunca pueda relajarse. De hecho para muchos está “in” ser grabado pues demuestra que son protagonistas del drama nacional.
Pero quiero volver al tema central: ¿Quién filtra? ¿Cuál es su verdadero interés? ¿Hay un propósito estratégico al liberar estas grabaciones para que las conozca la opinión pública? ¿Hay uno o varios complots? Me sorprende que los periodistas, engolosinados con el placer que les produce la chiva, nunca se hacen las preguntas que acabo de enumerar. Para ellos lo único importante es publicar primero. Piensan que cumplen una función social al informar sin darse cuenta que pueden estar siendo hábilmente manipulados por intereses oscuros que ellos no perciben.
¿Y si no hay conspiración? ¿Si lo que sucede es que yo he visto demasiadas películas o soy un malpensado? De pronto es que somos un país de metidos, que nos gusta saber secretos y no somos capaces de guardarlos. Tal vez no hay ninguna mano oscura, ni complot, ni intereses ocultos. Es sólo chismografía.