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Bastante se escribió en tono jocoso sobre la economía naranja de Iván Duque, que nadie supo de qué iba o para dónde. De la carreta corporativa sobre la marca del país y su promoción en el extranjero, su mayor legado quizás sea la defensa que hizo de los siete enanitos ante la Unesco.
También Santos incursionó en la mercadotecnia patriotera con “La respuesta es Colombia”, que pretendía pasar de la pura evocación turística a nuestras fortalezas económicas. ¿Cuál era la pregunta? Nunca estuvo claro… pero recordemos que entre las imágenes escogidas para el video publicitario está el poporo quimbaya de los rituales del mambeo de coca.
Veníamos de otro extraño eslogan, de esos que invitan y asustan por igual, una genialidad que retrata la realidad en todo su dramatismo: “Colombia, el riesgo es que te quieras quedar”. Y nos topamos hacia atrás con el hermano tropical de “la confianza inversionista”, el gran “Colombia es pasión” de la más bien tenebrosa manito que va al corazón (de “la política de Seguridad Democrática”).
En fin, ahora Petro insiste en vendernos, en medio del debate sobre el costo de la casa en Davos y si está o no justificado el dinero invertido, lo de “Colombia, el país de la belleza”. Como si no hubiese ya una larga lista de absurdos, vuelve la alharaca sensiblera de la preciosidad de las tierras y gentes colombianas (antes decían: “Nuestras mujeres”).
Para un Gobierno tan genuinamente preocupado con las historias del capitalismo, extraña que no reparen en los esfuerzos publicitarios de la United Fruit Company para dar a conocer su preciada fruta ante un público gringo ávido de exotismos.
La idea misma evoca el famoso comercial de los años 40 en el que aparece una banana que es mitad fruta, mitad mujer, coqueta, de pestañas y caderas grandes, que canta con sombrero, baila y al final pasa del inglés al español. Una belleza.