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Las elecciones de ayer no sólo marcan una ruptura frente a la izquierda que acumulaba ya 12 años de gobiernos sucesivos en Bogotá, sino que también es esta la última administración que estará al frente de una persona de una generación que lleva 25 años tomando decisiones en la capital de la República.
Serán entonces cuatro años que no sólo cierran el ciclo de la izquierda en Bogotá, sino que también abren el paso para una nueva camada de candidatos que en 2019 renovarán la política local. Con un voto de rechazo, cercano al 80%, los bogotanos cambiaron el rumbo que trazaron Lucho, Moreno y últimamente Gustavo Petro para la ciudad. Peñalosa, luego de tres campañas fallidas, finalmente pudo volver al Palacio Liévano, de donde salió hace 14 años habiendo transformado la ciudad y consolidado un modelo iniciado por Jaime Castro dos administraciones atrás. En esta oportunidad Peñalosa ganó de la mano de Cambio Radical, con algo más del 33% de los sufragios y casi un millón de votos, aupado por el rechazo de los ciudadanos a la gestión de Petro.
Llega ciertamente Peñalosa a una ciudad polarizada, muy diferente a la que recibió en 1997, donde tendrá que construir alianzas no solamente en el Concejo de la ciudad, sino también con la ciudadanía, que votó también masivamente por Rafael Pardo y otras fuerzas políticas de la ciudad que participaron en estas elecciones. Entre sus responsabilidades están, por lo tanto, no sólo gobernar para todos los bogotanos, buscando acabar con la lucha de clase que incentivó Gustavo Petro como prioridad de su gobierno, sino también reformar el POT para que Bogotá pueda volver a tener seguridad jurídica, construir la infraestructura necesaria para mejorar la movilidad, incluyendo el metro, establecer nuevas estrategias para combatir la inseguridad y el microtráfico, y resolver el desorden que heredará en varias áreas de la administración distrital. Peñalosa deberá también aprovechar su cercanía con el vicepresidente Vargas Lleras y destrabar las salidas de Bogotá montándose en varias de las asociaciones público-privadas que ya tiene en planos la Vicepresidencia.
Peñalosa deberá hacer política y construir una coalición de gobierno con los partidos que, desde el punto de vista electoral, se repartieron el Concejo en partes porcentualmente parecidas. Seguramente tendrá que trabajar con Cambio Radical, que lidera el Concejo de Bogotá, y una parte de los Verdes, una fracción del Centro Democrático y algo del Partido de la U y el Partido Liberal.
Veremos pues si Peñalosa puede construir gobernabilidad, hacer las obras que necesita la ciudad, profundizar sin demagogia los éxitos sociales de los últimos años, mejorar la seguridad y repetir los aciertos de su anterior administración para dejar una mejor ciudad y enrutar la Alcaldía de Bogotá para que en 2019 llegue una nueva generación de líderes a administrar Bogotá.