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AL FIN, EL MIÉRCOLES PASADO EN Venezuela, la oposición volvió a la Asamblea Legislativa. Con ella también regresó la posibilidad de que los ciudadanos tengan en sus representantes un instrumento adicional al de las marchas callejeras para manifestar su rechazo a la radicalización de un régimen que cada día se acerca más tanto a la dictadura como al fracaso.
Sin embargo, no la van a tener fácil. Para empezar, son menos de los que deberían. Luego de ganar en las urnas, perdieron en la repartición de escaños como consecuencia de las triquiñuelas electoreras y manipuladoras del chavismo que cambió, poco antes de las elecciones, la forma de elección y la naturaleza de los distritos electorales. Por ello, con la mayoría de los votos ciudadanos, la Mesa de Unidad, coalición que concentra los partidos de oposición, obtuvo dos quintas partes de los escaños de la Asamblea, cifra apenas suficiente para impedir la aprobación de las leyes que tanto gustan a Chávez y que le permiten facultades legislativas.
Ahora bien, en cuanto a temas de control político, la oposición los tendrá de sobra para entretenerse. Imaginen ustedes los debates que pueden hacerse sobre temas como por ejemplo los regalos de Chávez a gobiernos extranjeros, que de acuerdo con varias fuentes, alcanzan los 53 mil millones de dólares en diez años de generosidad presidencial. O simplemente piensen en que los ministros, por primera vez en cinco años, tendrán que rendir cuentas ante un Congreso que nunca los citó para que explicaran los fracasos del gobierno. Ya veremos qué dirán los funcionarios cuando se ponga en tela de juicio en el interior de la Asamblea la verdadera naturaleza de las relaciones con Irán y los acuerdos de suministro de Uranio, o el gasto militar desmedido cuando no existe amenaza interior o exterior que lo justifique. Para qué hablar de narcotráfico o apoyo a organizaciones terroristas…
En materia legislativa también hay bastante de qué ocuparse. Si se tratara de enderezar el entuerto chavista de carácter normativo que durante los últimos años ha dado al traste con las instituciones, se necesitarían más de cinco años y 66 diputados opositores para lograrlo. Nada más, derogar las leyes que restringen las libertades individuales de forma abusiva y antinatural sería bastante logro en un país oprimido por los dictados del gobierno.
Pero sobre todo, la oposición tiene que esforzarse en hacer que Venezuela retorne al camino de la democracia, cosa que estoy seguro solamente es posible si Chávez no es presidente en 2013. Por ello, su reto más importante es saber articular cuidadosa y reflexivamente un proceso político que conduzca a la victoria en las elecciones presidenciales del año entrante. La Mesa de Unidad debe construir confianza, ganar credibilidad y proponer un modelo de país que persuada a los ciudadanos y sea capaz de ganar en las urnas el año entrante. Por ello, la nueva Asamblea más que representar un cambio de fondo, alberga una gran oportunidad, la de dar inicio al proceso para un cambio de gobierno en Venezuela.
Twitter: @NicolasUribe