La virtualidad en acción

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Vivimos hablando de las TIC, de su necesaria apropiación en la vida cotidiana, de la forma en que podemos ahorrar tiempo y dinero, de la importancia de que el Estado sea ágil en brindar información, en unificar sistemas, y hasta soñamos con la idea de poner a la tecnología como herramienta líder en la lucha contra la corrupción.

Sin embargo, cuando el Estado se decide en serio a usar las TIC para ahorrar plata y hacernos la vida más fácil, salimos a oponernos soterradamente con toda clase de improcedentes argumentos; parecemos tirados como vaca muerta en la autopista de las transformaciones tecnológicas, sin entender que ya no todo se hace con papel y lápiz.

Para darles una idea, ese censo casa a casa, que ahora tantos parecen extrañar y que buscan convertir en patrimonio de seriedad de la información estadística, requiere la contratación de más de 30.000 censistas, la capacitación de 75.000 personas, la impresión de 1’200.000 mapas, la compra de miles de aparatos de captura de datos, la distribución del equipo para los empadronadores y la contratación de una logística desproporcionada que garantice la recolección de la dotación, la transmisión de la información y la verificación de la captura de datos de cerca de 14 millones de hogares que deben visitarse uno a uno. Facilito e infalible, ¿no?

En cambio, el censo virtual desarrollado por el DANE se puede responder en cualquier momento y desde cualquier terminal conectada a internet. Requiere tan sólo de 20 a 30 minutos disponibles para que la información de manera automática quede almacenada de forma confiable y segura, sin intermediarios, bajo los criterios y normas existentes de la reserva estadística. Una vez esto sucede, es susceptible de ser analizada y empieza a brindar la información estadística que el país requiere. ¿Muy difícil?

Este censo de 2018 probablemente será el que ubique a Colombia como uno de los escasos 26 países en el mundo con más de 50 millones de habitantes, y se convertirá también en fundamento para la planeación y formulación de toda clase de políticas públicas que precisarán la intervención del Estado en beneficio de millones de personas. Su existencia confirmará la nueva composición e integración de los hogares, dará información sobre los flujos migratorios, y brindará pistas y datos sobre la manera en que la gente se sitúa sobre el territorio y su nivel educativo. ¡Casi nada, pues!

Hagamos el esfuercito y dejemos atrás la idea de que el censo es un evento social en donde se invita a tinto al empadronador y se le sacan cuentos de los vecinos. Dejemos a un lado las prevenciones absurdas, saquemos un ratico, metámonos al censo virtual antes del 8 de marzo, contestemos todas las preguntas y empecemos a acostumbrarnos a un Estado que llegue a todas partes sin visitar ninguna gracias a las posibilidades de las TIC. La alternativa es esperar la embestida tecnológica, promover la cultura de la ventanilla, del radicado, de la confirmación telefónica y del sello de recibido. Esas sí prácticas inseguras y anacrónicas, que nos hacen perder el tiempo y generan toda clase de espacios para la arbitrariedad y para la corrupción.

@NicolasUribe

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido