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El pasado domingo, el partido socialista Español obtuvo la más terrible derrota electoral de su historia en unas elecciones generales, en las que no sólo perdió el gobierno que ostentaba hace más de siete años, sino que también dejó de obtener cuatro millones de votos, sesenta diputados y cuarenta senadores en relación a las elecciones de 2008.
El desastre electoral del PSOE, sin embargo, no es fortuito, sino la cuenta de cobro que el pueblo le ha pasado a la izquierda por cuenta del desastroso gobierno de Rodríguez Zapatero (ZP), que tiene a España en medio de la peor crisis económica de su historia en democracia. A la hora de votar, los ciudadanos no han comprado la tesis socialista sobre la situación de España, según la cual gobernar desde La Moncloa no sirve para nada, porque las dificultades económicas por las que atraviesan son consecuencia de la crisis griega, los bancos irresponsables, las malas políticas europeas y las dificultades financieras en Estados Unidos, es decir, de todos menos de sí mismos.
Lo cierto, sin embargo, es que España atraviesa por dificultades de gran envergadura, que no se resolverán de un día para otro y que por supuesto supondrán grandes sacrificios para los ciudadanos. ZP no sólo fue incapaz de gestionar adecuadamente la crisis internacional, sino que agravó la situación con sus improvisadas y torpes medidas. El déficit superó el 11%, la deuda pública se situó en el 60% del PIB, el país no pudo crecer sino a una media de 0,2% en los últimos cuatro años (en 2009 decreció el 3,7%) y la única generación de empleo se produjo por cuenta de la creación de plazas en la burocracia oficial. En 2007, cuando empezaron las dificultades económicas, España, Alemania y Francia tenían la misma tasa de desempleo, cercana al 8%. Desde entonces para acá, España tuvo un incremento en 14 puntos, Alemania redujo su cifra al 5,2% y Francia sufrió por el aumento de menos de dos puntos porcentuales. Hoy, en España, el desempleo es el más alto de Europa, con cinco millones de parados y uno de cada dos jóvenes menores de 25 años sin posibilidad de trabajar. Todo lo anterior, pone al país ibérico en el borde del rescate europeo y en una situación internacional en la que sobresale como país problema gracias a la irresponsabilidad de un gobierno gastón, mentiroso, pero, sobre todo, incompetente.
Por eso y por mucho más, es claro que a Mariano Rajoy no le ha tocado fácil. Ninguno de los cinco anteriores presidentes recibió siquiera algo parecido a la desastrosa herencia de Rodríguez Zapatero, cuya sola presencia en el gobierno en funciones es ya en sí misma un elemento desestabilizador y de incertidumbre. El reto del Partido Popular es complejo porque tiene la obligación de sacar a España de la crisis sin desmontar el modelo de Estado bienestar. Rajoy y su mayoría absoluta deben recuperar la confianza, reducir el gasto y la deuda, incentivar la inversión, crear el empleo, abrir las posibilidades de crédito y todo ello sin lastimar los beneficios sociales de los españoles, especialmente de los grupos más vulnerables.
Menuda es pues la tarea de los populares en el poder.
Twitter: @NicolasUribe