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Se salieron con la suya

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Siento un repudio automático frente a los dictadores de todos los pelambres.

Sus actuaciones a mis ojos son inaceptables y los malabares que practican para aparecer como estadistas que operan en beneficio de sus pueblos me parecen repugnantes. Los hermanos Castro, otrora barbudos revolucionarios que encarnaron el derecho a rebelarse frente a un gobierno injusto, no tardaron en convertirse en matones que buscaron desvanecer todo aquello que no comulgaba con su interés por perpetuarse en el poder. La aparente serena ancianidad de los hermanos Castro Ruz, no hay que olvidarlo, viene precedida de más de 50 años de abusos, arbitrariedades, torturas, fusilamientos y persecuciones, incluso de sus propios compañeros.

Por eso me pareció chocante ver al presidente Obama tan dedicado a la idea de normalizar las relaciones con la isla y de hacerlo sin condicionamientos democráticos. No es posible encontrar coherencia entre los valores que los políticos norteamericanos predican cada día con el trato generoso que recibe ahora un dictadorzuelo caribeño.

Sin embargo, al oír y releer a Obama es menester reconocer que en el trasfondo de la decisión de recomponer las relaciones hay una estrategia, y que su determinación para hacer irreversible el nuevo enfoque con los cubanos no necesariamente implica la renuncia o modificación sustancial de los objetivos de la política internacional norteamericana frente a los cubanos. Lo que entiendo, pues así ha quedado expuesto sin mayores ambigüedades por el propio Obama, es que son los medios para alcanzar los objetivos los que tal vez han cambiado para siempre.

Obama se la juega a sustituir el embargo por la influencia transformadora del capitalismo norteamericano. Y tiene razón en afirmar que nada habrá cambiado para un cubano tan sólo con ocasión del levantamiento del bloqueo si se mantienen las barreras de la dictadura para que los ciudadanos puedan ejercer en libertad los cientos de derechos que hoy son inexistentes para ellos.

La política norteamericana, por tanto, no ha cambiado y le sigue apostando a la desestabilización del régimen cubano, ya no combatiendo al Estado, sino empoderando ciudadanos a quienes ahora considera el objeto fundamental de su intervención. Y en esto, Obama es un maestro. Por eso habla del poder de la esperanza, del valor de los emprendimientos, de la importancia de la relación contractual directa entre empleado y empleador, del mundo de oportunidades que significa el acceso a Internet y de la importancia de la creación de empresa como elemento para la realización personal de los individuos. Yes we can!

Las palabras de Obama tienen contenido específico, y superan con creces las simbólicas y pintorescas fotos de tres días de una visita memorable. Pero no hay que caer en engaños. El verdadero cambio no está en la actitud de este o del próximo presidente norteamericano frente a la cuestión cubana. La transformación depende de la voluntad del régimen para permitir a sus ciudadanos integrarse al mundo y aprovechar las oportunidades que esta nueva etapa brinda para ellos. Ya veremos qué se dice en el próximo congreso del partido comunista y de qué forma los burócratas y empleados oficiales entienden la nueva realidad que nace de la normalización de relaciones con los norteamericanos.

Ya veremos de verdad si Raúl llegó a la Presidencia o no a desmontar el régimen.

@NicolasUribe

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