Publicidad

Sin descanso y sin error

Nicolás Uribe Rueda
09 de diciembre de 2011 – 06:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Desde que fue elegido, Gustavo Petro no ha tenido un solo día de calma. Si no son los compromisos propios del empalme, se trata de los viajes o de las controversias que a diario mantiene con la alcaldesa encargada.

Últimamente, además, Petro ha tenido que dedicar tiempo a defenderse de las críticas que han levantado sus propuestas relacionadas con la eliminación del pico y placa y la creación del holding empresarial de los servicios públicos, que, dicho sea de paso, estaban en su programa de gobierno. Por el ritmo de estos días, Petro ya se debe haber percatado de cómo va a ser el ejercicio del gobierno, en donde no sólo tendrá que cumplir sus compromisos de campaña, sino que además deberá ocuparse a fondo para lograr enderezar todos los entuertos que deja la administración que termina, que, él mismo sabe, no sólo tienen causa en la corrupción sino también en altas dosis de incompetencia.

Movilidad y seguridad son sólo dos ejemplos elocuentes de lo que se le viene a Petro encima. En cuanto a lo primero, la nueva administración deberá organizar y terminar cientos de frentes de obra, aumentar la Policía de Tránsito, incentivar la chatarrización de vehículos viejos, promover tecnologías limpias y recuperar la cultura ciudadana, porque, otra vez, camiones, carros, buses, zorras, taxis y peatones hacen lo que les parece. Petro, además, no tendrá excusa si no hace el metro y no organiza el transporte público existente en el SIT. Tampoco podrá dejar de lado políticas para reducir la contaminación ni la urgencia de terminar finalmente las vías periféricas de la ciudad y las troncales de Transmilenio emproblemadas. Deberá ser creativo usando tecnología, implementando peajes, fotomultas, semáforos inteligentes y demás.

En cuanto a lo segundo, el alcalde debe empezar por cambiar los fundamentos de la política de seguridad que ha gobernado a Bogotá en los últimos años. Tratar primero a los pobres, luego a los jóvenes y recientemente a los tenderos y comerciantes populares como criminales peligrosos y generadores de violencia es un absurdo. La inseguridad en Bogotá tiene causas más complejas que los prejuicios trasnochados que la actual administración ha usado para implementar una serie de programas inocuos y torpes restricciones, que no tienen efectos en la disminución de la violencia, pero sí en la creación de corruptelas. Bogotá en materia de seguridad requiere, sobre todo, recuperar la transparencia, tanto para presentar las cifras de criminalidad como para invertir los recursos disponibles. Aquí no sólo hay que aumentar la Policía, mejorar la inteligencia, definir objetivos criminales de alto valor y atacar las mafias que son dueñas de negocios ilegales. También es necesario coordinar tareas con el Gobierno, profundizar la estrategia por cuadrantes y jugársela por desarticular las bandas dedicadas al tráfico de droga, generadoras, estas sí, de cadenas de violencia. Hay que mejorar la seguridad en Transmilenio, disminuir delitos de alto impacto y crear urgentemente un escenario para coordinar acciones con la Rama Judicial.

Son, en fin, muchas tareas urgentes para apenas cuatro años de gobierno. Por eso, Petro va a tener que actuar rápido y acertar, pues la ciudad no aguanta dilaciones y mucho menos equivocaciones.

@NicolasUribe

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido