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Mis respetos, señor Pastrana

Olga Lucía Barona
21 de diciembre de 2014 – 09:20 p. m.

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Aunque en la cancha fueron 11 guerreros los que llevaron a Santa Fe a la octava estrella, y en el banco fue el técnico argentino Gustavo Costas quien se dio el lujo de ser campeón en el mismo semestre en el que llegó al club, desde el escritorio el gran ganador fue el presidente César Pastrana.

Hace cuatro años y medio, cuando Pastrana asumió la presidencia, el club estaba quebrado. Hoy el panorama es completamente diferente, no sólo en dos años ganó las estrellas séptima y octava, sino que el equipo es un modelo deportivo, económico y administrativo.

En su administración, Santa Fe ha clasificado a una Copa Sudamericana y tres Libertadores (incluida la del año entrante), en una de las cuales llegó a semifinales y consiguió un subtítulo (2013-I). Este semestre también se quedó con el subcampeonato de la Copa Colombia.

Pero además del éxito deportivo, Pastrana tiene todo el derecho de sacar el pecho en cuanto a sus resultados económicos. El club salió de la Ley 550 y superó un déficit cercano a los $15.000 millones. Adquirió una sede deportiva en Tenjo y amplió su sede administrativa en el barrio San Miguel. Tiene cerca de 3.000 niños en su academia deportiva, que cuenta con 10 sedes y unos 86 entrenadores, así como unos 700 jugadores en sus equipos de liga de divisiones menores, dirigidos por 40 técnicos.

Aquellas épocas de las vacas flacas, en las que los patrocinadores brillaban por su ausencia, son sólo parte del pasado. Hoy el equipo es apetecido por la empresa privada. Santa Fe tiene un presupuesto cercano a los $25.000 millones al año y, gracias a sus taquillas y patrocinadores, los puede cubrir.

No obstante las cifras que lo respaldan, César Pastrana ha demostrado ser un hombre con un gran corazón. Él, ante la crítica de muchos, se dio la pela y respaldó hasta dónde más pudo al jugador Wílder Medina con sus problemas personales. Se ha convertido en un padre para sus jugadores, a quienes aconseja y rodea. Eso habla de lo buen ser humano que es.

Así que aunque los partidos y los títulos se ganan en la cancha, Pastrana ha tomado un sinnúmero de acertadas decisiones que tienen hoy a su equipo celebrando, con todo merecimiento, la octava estrella. ¡Mis respetos, señor Pastrana!

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