Brexit y el vacío

Oscar Guardiola-Rivera
25 de septiembre de 2019 – 10:14 a. m.

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La Corte Suprema del Reino Unido ha dicho que la suspension o prorroga del Parlamento Británico es nula y “vacía”. La dureza de los términos utilizados por los magistrados que votaron de manera unánime la ilegalidad de las acciones del Ejecutivo, no puede exagerse.  Según la presidente de la Corte, Lady Hale, es como si el papel en el cual la Orden fue inscrita “estuviese en blanco”.

Como si dicha acción jamás hubiese tenido lugar. La institución puede no solo sustraer de la existencia aquello que ella misma ha traído al ser, sino también producir un vacío; un vórtice o intervalo espaciotemporal en el cual coexisten lo que ha sido, lo que podría ser y lo que es, pero aun no. Se trata además de un acto que pone sus propias condiciones de posibilidad de manera retrospectiva. No es algo complejo. Un niño lo entendería. Es como en las películas de ficción en las cuales los protagonistas viajan en el tiempo y sustraen ciertas ocurrencias aquí y allá, de manera que el futuro que era ya no lo es mas.

Como en la concepción del tiempo y la historia en las cosmologías de ciertos pueblos Caribes y Amerindios, para quienes es reversible al menos en el sentido en que cada momento es un vórtice en el que las posibilidades co-existen y atendemos al choque de abrirse a lo que puede ser de otra manera.

Es la experiencia que tenemos de manera cotidiana cada vez que nos encontramos en un cruce de caminos, y las dudas pesan tanto como las expectativas. Solemos imaginar la ley y la política como algo fijo, calculable y firme. Es lo que suelen enseñar profesores a sus alumnos en las aulas cuando hablan de “seguridad ” o “líneas de precedentes” que permitirían prevenir y anticipar. Hobbes se refería de tal manera a las instituciones inglesas cuando las imaginaba como una línea de estatuas de reyes y reinas sucediéndose en el tiempo.

Esa perspectiva lineal produce la ilusión de movimiento continuo hacia adelante, cuando en realidad el movimiento de las instituciones y lo político debería pintarse como si fuese una espiral: el eterno retorno en el que nunca retorna lo mismo, un vacío repleto de anhelos. El campo de batalla entre quien se pretende rey y el pueblo que emerge en su contra.

Es también el principio-esperanza. Ante la noticia, Johnson reaccionó exasperado, entremezclando un falso sentido de firmeza con referencias al paisaje “marciano” de Nueva York. La espiral lo ha atrapado, el “espíritu” de la historia que llega del mañana. ¿Qué sigue? No lo sabemos. Johnson ha perdido el control, en más de un sentido. La oposición pide su renuncia, sustraer el Brexit duro y llamar a elecciones. En momentos críticos como este hay que construir al pueblo que decide, pues este tampoco existe de antemano. De como se auto-constituya ese pueblo dependerá que haya futuro para la democracia británica, la supuesta “madre de todos los Parlamentos” amenazada “por el padre de las mentiras”.

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