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El jardinero

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En días pasados el presidente del Uruguay, José Mujica, concedió una entrevista al diario El País.

Preguntado por Latinoamérica, se refirió no a Venezuela —que cada vez parece más una repetición del guión escrito ya para Chile en los setenta—, ni tampoco al liderazgo de Brasil. “Lo más importante que está ocurriendo en América Latina es la tentativa de construir paz en Colombia”, dijo.

Su interlocutor reaccionó sorprendido. “Lo está liderando el presidente Santos, que no viene precisamente del universo intelectual y político de la izquierda”, dijo en tono de pregunta o queja.

Su entrevistado se rehusaba a seguir el guión dispuesto. De acuerdo con ese guión, dado que existe tal cosa como “el universo intelectual y político de la izquierda”, una suerte de universo paralelo a este, menos real que este, habitado por alienígenas, si se es de izquierda se debe hablar como se supone que habla la izquierda: en radical, en lunático, en caníbal.

Mujica no se amoldaba al papel. “Sí, señor”, respondió al periodista, “pero tiene mucho mérito por ello. Es un hombre… que resiste el cansancio y transforma en política el cansancio de una guerra interminable”.

Ahí está la razón profunda por la cual el proceso de paz en Colombia importa al continente entero. ¿Qué clase de alquimia podrá ser esta, que transforma el agotamiento de unos y otros con una guerra interminable en acción en un debate razonable acerca de si queremos tener un mercado para ciertas cosas o, al contrario, ser una sociedad de mercado en la cual sólo importan el dinero y la corrupción que éste conlleva?

Es porque nos cansamos que nos alcanza el sentido de justicia. Es porque nos cansamos de injusticia que salimos a la calle a protestar, así la protesta no lleve a nada. Esa es la razón por la cual salieron los jóvenes de Turquía a las calles de Ankara esta semana. Porque están cansados y ya no aguantan más, porque no hacerlo sería una indignidad insoportable.

Es la misma razón por la cual los jóvenes de Chile les están pidiendo a sus compatriotas que escriban en el tarjetón electoral de los próximos comicios las letras “A. N.” para convocar una asamblea popular constituyente, como lo hicieron en los años noventa los estudiantes colombianos.

Mujica sabe que tal alquimia enfrenta un enorme obstáculo, creado por nosotros mismos: “Intereses contradictorios y… mucho dolor… La justicia y el dolor en estas cosas andan al filo de la navaja con la venganza hacia un lado y hacia el otro”.

El presidente de los uruguayos salió filósofo. Concluye: “Si entran en ese camino no salen más de la guerra”.

Entonces, el camino es claro: porque estamos cansados de guerra, podemos transformar ese cansancio en política y evitar persistir en la venganza. En eso consiste hacer justicia.

* Óscar Guardiola-Rivera

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