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El mal ejemplo

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Conservador y devoto, Samuel Johnson opinaba que la poesía de John Milton ocupaba el primer lugar en la historia universal de la escritura por su diseño y el segundo por su arte teatral y dramático.

Al juzgarle según este último criterio tenía en mente a Shakespeare, cuyas obras completas el buen doctor había comentado. Su comentario tuvo gran influencia. Puede ser responsable de que Shakespeare sea considerado hoy el más grande escritor en lengua inglesa por quienes no han leído a Milton.

Pero la clave de dicho reemplazo no fue literaria. Lo que más detestaba el doctor Johnson acerca de Milton era su política. “Su política”, escribió Johnson acerca del poeta, “es de un republicanismo revolucionario, resentido y hosco”.

Es esa crítica cultural, antes que filosófica, la que persiste y se reproduce entre las élites educadas en Oxford que imitan a Johnson y que hoy gobiernan Gran Bretaña.

Tras ser abordado por algunos de entre los 85.000 manifestantes que protestaban esta semana en contra de la austeridad afuera de la conferencia conservadora en Manchester, el latinista aficionado y alcalde de Londres. Boris Johnson. se refirió a ellos de manera peyorativa usando el término crusties, resentidos, hoscos.

La referencia es a los activistas punks de los ochenta y noventa. Influidos por los Sex Pistols, la migración caribeña, el teatro brasilero, The Clash y la Westwood, rechazaron el “régimen fascista” que representaban la reina y su linaje conservadurista, producto de la restauración tras la caída de la revolución inglesa en la que Milton había participado.

Hoy han dejado de ser una subcultura. Suya es la decepción que sentimos todos porque el futuro en que vivimos es uno de cambio climático y distopía Mad Max, en vez de la Ciudad Disney del Mañana. Suya es la causa ecologista, carnavalesca.

La suya es una apariencia libre, distintiva, cuyo equivalente colombiano podrían ser Los Aterciopelados o el debate sobre la tauromaquia. Canibaliza los dreadlocks caribeños, la poesía de Marley o Harris, los piercings y tatuajes aborígenes, junto a las viejas prácticas británicas asociadas a los comunes y la vida transeúnte, y el retro-futurismo steampunk y hacker. Ello incluye la tradición político-literaria que comienza en la Carta del Bosque (parte de la Carta Magna), y sigue el ejemplo de Milton, Thomas Paine y Mary Wolstonecraft hasta los escritos de China Miéville.

Ese ejemplo de autenticidad sublime, honesta y simple, es lo que identifican y admiran en Jeremy Corbyn, Bernie Saunders, Pepe Mujica, Slavoj Zizek y la última encíclica del papa Bergoglio.

Son los auténticos sucesores de Milton y Kant, quien definió la libertad e independencia individual y colectiva con base en el ejemplo del primero. Y es eso lo que odian sin moderación los conservadores.

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