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El próximo 28 de enero me ocuparé de esta pregunta en el marco del Hay Festival en Cartagena.
¿Por qué ha irrumpido la protesta con fuerza tan inusitada, precisamente cuando todos creían imposible imaginar alternativas? ¿Cuál es la causa común de las protestas que acapararon la atención de los medios el año pasado? ¿Por qué parecen estar ocurriendo en todas partes del globo al mismo tiempo?
Parte de la respuesta se encuentra en un libro escrito por el editor de notas económicas de Newsnight, Paul Mason. Según él, estas protestas han puesto fin al período del “realismo capitalista”, en el cual parecía más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.
Todo ello cambió con la caída de Lehman Brothers y el comienzo de la Gran Recesión en el 2008. Si la caída de uno de los bancos más grandes del mundo puso en jaque a la economía mundial, la crisis generalizada del sistema financiero nos obliga a contemplar nada menos que el fin del capitalismo global tal y como lo conocemos.
En la medida en que la crisis deja de serlo, convirtiéndose en la nueva normalidad, de hecho no es posible pensar en nada diferente a dicho fin. Para algunos esa nueva realidad es caótica: se trata del fin de los tiempos. Para otros, se trata más bien de una oportunidad: la de realizar los cambios que nos permitirían acceder a un futuro mejor. En esta segunda interpretación, la nuestra será una época de cambios.
Existe evidencia suficiente para apoyar ambas lecturas. Hacia el final del año pasado las revueltas, protestas, ocupaciones y enfrentamientos entre quienes sienten que el “realismo capitalista” los ha desposeído de cualquier futuro y quienes aún piensan que tal es el orden natural de las cosas, se agudizaron en grado sumo. Lo impensable tuvo lugar: Londres en llamas, más jóvenes estadounidenses en las cárceles por enfrentarse a la policía, banqueros responsabilizados por la crisis, gobiernos expulsados del poder en Europa y el norte de África, el fracaso de la Unión Europea, Latinoamérica y China en ascenso, la parálisis política de los Estados Unidos.
Una generación entera ha terminado por aceptar que si no hay futuro, entonces la única opción consiste en hacerse parte del Bloque Negro y dar la batalla en las calles.
O en internet. Para entender lo que nos sucede resulta crucial comprender la experiencia de los más jóvenes en las redes sociales. No se trata tan sólo del hecho de que Facebook y Twitter facilitan la coordinación colectivas, lo que ya ha transformado las tácticas de la nueva generación que protesta. Para los jóvenes también resulta claro que el resultado de una interacción en red es existencial.
Hay algo inapreciable en las nuevas relaciones sociales virtuales que no puede ser reducido a la mera ganancia. Allí se anuncia, aquí y ahora, la comunidad que viene.
Óscar Guardiola Rivera, analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres.