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El triunfo de Syriza en Grecia es el triunfo de la gente común y decente en todas partes.
La gente común es la que hace que funcionen los puestos de mercado, atiende los consultorios médicos y los restaurantes, y se alegra porque Paulina es Miss Universo. En sus manos, la política es una forma de autoayuda colectiva, “el lenguaje que nos permite hablarnos a nosotros mismos pero que nació para ser diálogo”. Primero, un gesto, una mano extendida por ejemplo. Luego la palabra que resume el gesto: “ayúdame”.
En Grecia, cuando regresó la economía y se exilió la política más de una tercera parte de la población extendió su mano para reclamar ayuda. El regreso de la economía de austeridad y guerra a Europa había causado una catástrofe humanitaria cuyas dimensiones ignora la mayor parte del mundo porque a los medios no les interesa registrarla. Cuando lo hacen, culpan a los griegos, perezosos e incapaces de autoayuda individual en su lentitud costeña.
Mientras se los expulsaba del mundo civilizado con los mismos prejuicios que condenan a sudacas e inmigrantes africanos, a ellos que se supone fueron la cuna de la civilización, y a la sombra de todo el mundo, la gente común y decente de Grecia atendió el reclamo de los perdedores de la sociedad capitalista.
Surgieron movimientos de autoayuda colectiva. Médicos desempleados montaron centros colectivos de asistencia. Abogados jóvenes sin futuro asumieron la tarea de aconsejar a las víctimas de la voracidad financiera. Cocineros y vecinos abrieron cocinas y bancos de alimentos contra la escasez y el hambre. Esta no es la Venezuela chavista que obsesiona a los medios de Bogotá y Miami, sino la Europa capitalista que idealizan y tan mal reportan.
Tales movimientos de autoayuda colectiva son la columna vertebral de Syriza en Grecia, junto a Podemos en España. La política democrática, dice Juan C. Monedero, soporte intelectual de Podemos a quien he venido citando, se basa en la convicción de que en la gente común y decente “hay posibilidades por fuera de lo común”.
Costas Douzinas, soporte intelectual de Syriza, escribió diciéndome que esta era “la primavera griega”, quizás Europea, y para agradecer la inspiración latinoamericana que Syriza comparte con Podemos ha ofrecido su mano para ayudar en forma modesta a que haya primavera también en Colombia. La última vez que ese gesto político radical tuvo lugar entre las Américas y Europa, el resultado fue la revolución haitiana y la independencia de las Américas. Algo similar ocurrió en los setentas.
Lo del domingo pasado es un evento extraordinario. El lunes, sin embargo, la primera página de nuestros medios la ocupaba Paulina. No porque crean en la alegría de la gente común, sino porque la creen incapaz de algo extraordinario