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La controversia generada por las investigaciones de Seymour Hersh acerca de las relaciones entre Occidente y los rebeldes sirios merece atención en la prensa colombiana.
En un artículo publicado el 17 de abril, el reconocido periodista estadounidense argumentó que la cercanía entre el líder turco Recep Erdogan y la facción yihadista de la oposición siria permitía dudar que fuese cierto el que sólo el régimen de Bashar al Asad podría haber sido responsable por los ataques químicos a la población civil siria en agosto del año pasado.
Así lo había sostenido la administración Obama tras el ataque. Sobre esa premisa, la Casa Blanca diseñó lo que un oficial de inteligencia, citado por Hersh, llama “un ataque de tamaño monstruoso”.
El plan incluía la participación del Reino Unido y Francia. Cuando el Parlamento británico votó en una jornada histórica para impedir la intervención conjunta apoyada por el Primer Ministro, David Cameron ya había ordenado el envío de seis aviones de combate Typhoon a Chipre, situada al frente de la costa Siria, y aprobado el uso de submarinos. La fecha del ataque sería el 2 de septiembre.
Por ello sorprendió a todos el que Obama decidiera suspender el ataque y consultar al Congreso el 31 de agosto. Según Hersh, la razón de ello es que la premisa sobre la cual se había diseñado el plan de intervención militar era débil si es que no falsa.
Parte del problema tenía que ver con la existencia de una “línea de ratas” al lado de la “línea roja” demarcada por Obama para separar las acciones de Al Asad de lo tolerable y justificar la intervención. La existencia de la primera, no reconocida oficialmente, permitía el tráfico de armas a la oposición desde Libia, incluyendo los aliados de al-Qaida, a través de la frontera turca. Operaba gracias a un acuerdo con Turquía, Arabia Saudita y Qatar, cuyos gobiernos bien poco democráticos apoyan la insurrección siria contra Assad en nombre de la democracia.
El acuerdo, incluyendo dineros turcos, saudíes y qatarís, y logística de la CIA y MI6 fue ocultado al congreso estadounidense, en violación de la ley. Hersh afirma que dicho acuerdo desembocó en la cada vez mayor intervención turca, al punto de haber provisto a al-Nusra con gas sarín en agosto. 1.400 personas murieron entonces.
Las conclusiones de Hersh han sido cuestionadas, y no se trata de absolver a Al Asad. Pero de ser ciertas indicarían que la inmoralidad de la política exterior actual no es diferente a la del pasado. En 1970 Hersh reveló el encubrimiento de la masacre de My Lai en Vietnam, y en 1974 documentó los esfuerzos de la administración Nixon para desestabilizar el gobierno de Salvador Allende en Chile antes del golpe de estado que lo derrocó el 11 de septiembre de 1973.