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La elección de Gustavo Petro a la Alcaldía es un acierto en al menos dos sentidos. De una parte, constituye una nueva demostración de la independencia y madurez política del electorado bogotano.
Es la tercera ocasión en que la mayoría manifiesta su aprobación por una opción política progresista. Ello a pesar de y quizás debido a la presencia fantasmal, pero notoria, de la derecha menos razonable en una de las candidaturas con mayores posibilidades.
Al contrario del progresismo, el Partido Verde prefirió no caminar solo y decidió unir su candidatura al nombre de quien fuese responsable por la polarización que sufrió el país durante la década pasada.
El que dicha alianza hubiese obtenido el segundo lugar muestra cuánto trabajo falta aún para superar la polarización. Pero al renunciar a su independencia y a la posibilidad de aparecer como una opción madura de centro, el Verde pareció dispuesto a comprometer principios básicos. El electorado castigó tal actitud.
De otra parte, el electorado se ha superado a sí mismo al elegir en el segundo cargo del país a quien fuese parte de un movimiento que optó por la lucha armada, y que en su momento desechó tal opción. Y ello precisamente por todas las razones que han expresado algunos medios al intentar descalificar a Petro por su pasado, y las de algunos comentaristas que lo han querido mostrar como alguien que ha abandonado sus posiciones políticas. Lejos de ello, Petro representa ahora el futuro de la izquierda.
Lo que en el caso del Partido Verde fue interpretado como indeseable oportunismo, en el caso de Petro aparece como deseable capacidad autocrítica. ¿Por qué? Ambas decisiones tuvieron lugar en contextos muy diferentes.
La opción del M-19 por abandonar la lucha armada tuvo lugar en el contexto de la negociación de paz y el proceso constituyente del 91. Sus miembros entraron a hacer parte de un bloque popular más amplio al dejar las armas. Con ello lograron su objetivo original, que era abrir el espacio político del país.
La actitud autocrítica de Petro al denunciar la corrupción dentro de su propio partido y al tiempo afirmar las bondades de dialogar con el Gobierno nacional para consolidar una agenda social es consistente con esa opción. El electorado ha premiado dicha conducta.
Más importante, la elección de Petro demuestra que en Colombia es posible retomar el camino de la paz. El Gobierno nacional haría bien en aprovechar la oportunidad que han abierto los electores.
*Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres.