Manos paralelas

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Que paren los coros criminales, sus voces gotas de la sangre de los muertos que han causado. La sangre de los muertos se ha coagulado en sus órbitas oculares. Por eso no pueden ver. No quieren ver. No han visto la guerra, solo el espectáculo en la pantalla de sus televisores. No han visto a este campesino, y jamás han oído hablar de él.

Su nombre era Guerra. Fue asesinado en la guerra que ellos no quieren ver, junto a su mujer Bellanira y su hijo Deiner en la vereda de Mulatos un veintiuno de febrero por miembros de las fuerzas militares junto con los paramilitares de esta parte de Antioquia. Un día después, la tropa mixta se dirigió a La Resbalosa. Allí mataron a Alfonso Bolívar, a su esposa Sandra Milena, a su hija de seis años Natalia Andrea y al más pequeño, Santiago, de apenas dieciocho meses.

Cada año, al conmemorar la masacre en la pequeña capilla construida en el lugar donde encontraron el cuerpo ensangrentado de Guerra, la comunidad se reúne para escuchar una grabación con la voz de su líder asesinado.

La comunidad de Guerra es una Comunidad de Paz. Allá en San José, en la Antioquia a la que nunca han ido los que han visto el espectáculo de la guerra por televisión, los mismos que defienden su voto por Duque y por los mismos –los mismos parapolíticos y paramilitares–, que son quienes están detrás de él.

Defienden su voto con el siguiente disparate: “prefiero que me manipule Uribe (y los barones de Antioquia, y los Blel de Cartagena y los demás que se han beneficiado de masacres como Mulatos y La Resbalosa, todos los que se han unido para apoyarlo) detrás de Duque que Timochenko, quien manipula a Petro”. Vaya estupidez. Timochenko no manipula al candidato de la Colombia Humana, los Verdes y el Polo; no puede hacerlo, no tiene capital político ni militar para hacerlo, pues en buena hora ha renunciado a este último.

No así los paramilitares, quienes se han beneficiado de el poder político y militar de éstos, y quienes les justifican aduciendo que lo suyo ha sido una mera reacción a la violencia guerrillera. El padre Javier Giraldo ha recordado en estos días que los paramilitares siguen armados. Es ese poderío, es atroz violencia la que amenaza reactivarse (¿acaso alguna vez se ha desactivado?) una vez vuelvan al poder, al poder Ejecutivo pues ya cuentan con buena parte del Legislativo y de los gobiernos locales en sus zonas de influencia. Pero como esta vez no es tan fácil justificar aquello de la “mera reacción” a la violencia guerrillera puesto que las Farc han renunciado a ella, entonces se esconden tras el rostro algo más fresco y joven de un Duque cuyas competencias e ideas desconocemos.

Poco importa. Importa que haya sido designado por el hombre más poderoso de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, quien está detrás suyo, junto a Gaviria, y Pastrana, Vargas Lleras, Fabio Valencia Cossio, los Blel, y un largo etcétera. Votaré, contra ellos y sus coros criminales. Por la paz. Por Petro.

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