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“Oxí”

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El 28 de octubre de 1940 las fuerzas del Eje, lideradas por Alemania, comunicaron a los griegos un ultimátum: resistan, y serán aniquilados. Los fascistas italianos habían ocupado Albania.

Del otro lado de Italia, el falangismo se había apoderado de España con la ayuda de Alemania. Francia y Polonia caerían pronto.

Enfrentado a fuerzas muy superiores, un líder pragmático asumiría con “realismo” la situación y aceptaría las condiciones. En una de las respuestas más concisas de la historia, el premier griego Metaxas respondió: Oxí.

Existen palabras más comunes para denegar en griego. Pero el próximo domingo el pueblo griego, el demos en la palabra democracia, ejercerá su capacidad de negarse o aceptar el ultimátum impuesto una vez más desde Alemania con un término cargado de historia.

¿Cuál historia?  Para los opinadores que no piensan el drama griego se reduce a la necesidad de aceptar que quien debe está obligado a pagar. “Si quiere ser miembro de la UE, pues a cumplir las normas”, dijo un comentarista español en la TVE, cada vez más parecida a esos órganos de propaganda gubernamental que ellos mismos suelen criticar cuando se trata de Rusia o Venezuela.

En dicha versión no cabe preguntar si las tales normas son legítimas, si las obligaciones son naturales o más bien artificiosas y contingentes. Vienen a la memoria Antígona  y El mercader de Venecia. Las consecuencias fatales del fetichismo y la ilusión de necesidad que lo informa son allí evidentes.

Pero la opinión corriente prefiere negar la evidencia atribuyendo responsabilidades colectivas. Acude al sospechoso expediente del “carácter” de los griegos: poco trabajadores, dados al fraude impositivo, irresponsables electores de “comunistas populistas”, como dijo el comentarista.

Tales atribuciones revelan otra historia: la del colonialismo y la guerra total. Y la economía como instrumento de ambas. Europa se autocoloniza. El castigo se impone a la totalidad del pueblo griego, que ya ha pagado su libra de carne humana para que sirva de advertencia al pueblo español: resistan y serán aniquilados.

Pero una vez la gente reconoce que claudicar es también someterse a ser aniquilado, resistir se convierte en una opción venga lo que venga. “Estamos en guerra, la enfrentaremos”, dijo una joven griega en Sintagma refutando la opinión común. Una vez más enfrentan fuerzas muy superiores. Una vez más el “realismo” aconsejaría claudicar. También desmitificar el matrimonio gay o la bandera confederada parecían imposibles. Pero la historia está llena de imposibles.

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