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Durante una entrevista en la BBC esta semana, Kehinde Andrews causó revuelo al afirmar que “la ilustración era racista”. Argumentó que la ilustración fue fundada en la idea de que el conocimiento proveniente de Europa es especial.
Andrews es el primer profesor de Estudios sobre Negritudes en la larga historia universitaria inglesa. Su comentario tiene lugar en medio de una polémica causada por la petición de estudiantes de la prestigiosa Escuela de Estudios Africanos y Asiáticos (SOAS) de un currículo más balanceado. Insisten en que no existen buenas razones para que el canon que se les enseña esté compuesto de manera casi exclusiva por las ideas de hombres blancos europeos cuando bien podría pensarse en uno en el cual la mayoría fuesen hombres y mujeres de Asia, África y otras latitudes. La acusación de racismo institucional está implícita en su argumento.
Como era de esperarse, tanto el establecimiento universitario como los medios les han descalificado. La directora del Departamento de Religiones y Filosofías en la propia SOAS, Erica Hunter, declaró “ridícula” la propuesta estudiantil y afirmó que resistiría cualquier intento por “remover a filósofos e historiadores porque ello está de moda”. El reconocido filósofo Roger Scruton dijo que “no se puede rechazar un área del conocimiento sin haberla investigado, y claramente los estudiantes no han investigado qué quieren decir al hablar de filosofía blanca”. Si los estudiantes piensan que existe un contexto colonial del cual haya emergido la obra de Kant “me gustaría escucharlo”, afirmó.
Pero los estudiantes de SOAS no han exigido “remover” ni “rechazar” a ciertos filósofos o áreas del conocimiento por su color de piel como sugieren Scruton y los medios. Argumentan que al ser SOAS una institución especializada en Oriente y África carece de sentido que sus currículos se enfoquen en filosofía occidental. Y no lo hacen por “moda”. En un contexto dominado por Farage, Le Pen y Trump, sus razones son políticas y pueden ser cruciales para resistir lo que viene. Ni los medios ni Scruton han hecho la tarea que les corresponde. Este último debería conocer la ya amplia biblioteca crítica respecto de la geografía y antropología de Kant, por ejemplo el seminal texto coeditado por el filósofo de origen colombiano Eduardo Mendieta galardonado este año con el prestigioso premio Frantz Fanon.
No se trata de afirmar la particularidad asiática, africana o latina, sino de permitir voces que expresan las contradicciones de la ilustración moderna y que no son nunca cuestión de mera particularidad. Preguntar si en efecto la ilustración fue particularmente europea, y si no qué consecuencias tiene que el modo de su universalización haya sido la sinécdoque. En el año de Trump, la respuesta a estas preguntas nos interesa a todos.