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Lo ocurrido en Europa en las últimas semanas confirma la deriva autoritaria del neoliberalismo en crisis.
Según el testimonio de Daniel Munévar, el colombiano de 30 años que asesoró al ministro Varoufakis, el objetivo del Eurogrupo era hacer de Syriza un ejemplo.
Quizás consiga amedrentar a los españoles. Pero puede ser una victoria pírrica. La revuelta contra el “extremo centro” ya alcanza Gran Bretaña. El izquierdista Jeremy Corbyn, cercano a los latinos londinenses, cuenta con apoyo suficiente para hacerse al liderato del mayor partido de oposición, el laborismo. Y el establecimiento inglés ha entrado en pánico.
Boaventura de Sousa Santos comparó el momento presente con las justificaciones dadas por Alemania al comienzo de la Gran Guerra respecto de las atrocidades cometidas en Bélgica. “El modo destempladamente cruel como Alemania se está vengando de un acto de desobediencia de otro pequeño país, Grecia –afirmó– nos obliga a examinar la historia reciente de Europa y, a partir de ella, pensar nuestro futuro común”.
Se trata “de repasar las soluciones que fueron dadas al problema alemán después de la Segunda Guerra Mundial… e imaginar otras soluciones posibles”.
Ello incluye aplicar los principios de justicia reparativa a los beneficiarios financieros y corporativos de las atrocidades. Tales principios fueron reinventados por los tribunales Russell del siglo pasado.
Lo ocurrido en Grecia ha sido considerado como una versión posmoderna de dicho golpe. Entonces, el legado reinventado por los latinoamericanos de Russell II resulta útil a la hora de explorar la legalidad y justicia de la deuda, el austericidio, y las nuevas formas de colonialidad emergentes en el ocaso del período neoliberal.
Sería propicio instalar un tribunal ciudadano inspirado en los dos primeros tribunales Russell. Pero para lograr su objetivo es necesario considerar los límites de tales intentos en el pasado y reimaginar la justicia, como sugiere De Sousa Santos.
Así por ejemplo, sabemos ahora que los griegos exploraron usar nuevas tecnologías para realizar transferencias digitales que habrían creado una liquidez paralela para evitar el golpe financiero provocado por el ECB en Grecia. Quienes afirman que el gobierno griego carecía de un Plan B desconocen tales esfuerzos creativos en justicia financiera y reparativa, y tienden a desestimar la deriva autoritaria de los neoliberales en el poder.
Tales principios de reparación, justicia como opción, y tribunales ciudadanos, también podrían aplicarse al caso de la paz colombiana.