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Servidumbre voluntaria

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El debate abierto por el historiador Eduardo Posada y el socio-jurista Mauricio García es relevante no sólo en Colombia.

La cuestión que ambos intentan responder es algo más general: ¿cómo se constituye un cuerpo político? En el caso del conflicto en Palestina, la pregunta adquiere un grado de concreción que la hace más universal: ¿cómo construir lo público cuando se encuentra dividido y ha consentido esa servidumbre mayor que consiste no en servir la voluntad de otro sino en destruirse a sí mismo?

Se trata de la pregunta por lo político, distinta de aquella otra que concierne a la política. Desde la Antigüedad, esta última ha consistido en debatir “si las otras formas de república son mejores que la monarquía”.

El problema con dicha concepción es que da por supuestas la unidad del pueblo y su supervivencia como comunidad perfectible; fundada en la presencia del uno, llámesele rey, príncipe o presidente, tradición o consenso mítico, y sus instituciones. Posada afirma que la Patria Boba no fue tan boba. Mal que bien las instituciones de gobierno han garantizado la unidad histórica de la comunidad, y lo harán otra vez en el posconflicto, como en Gran Bretaña.

García afirma que dicha percepción de continuidad histórica carece de discontinuidad sociológica: política y sociedad siguen caminos paralelos mas no se tocan. Corresponde a un nuevo mito el fundar la unidad entre ambas, ahora sí completa. No dudo que ambos estén en lo correcto. Dudo sí que estén en orillas tan opuestas. Ambos buscan la unidad y supervivencia de la comunidad y sus instituciones como el ideal, histórico o sociológico.

Ambos desconfían en mayor o menor medida de la multitud y las masas, y oponen por ello la unidad narrativa, histórica o mítica, en todo caso institucionalista, escatológica, a la multiplicación de lo múltiple.

Ambos hablan de política, pero tienen poco que decir acerca de lo político. Ninguno responde a la pregunta que se han planteado. De la Boétie y Spinoza, entre otros, se preguntaban en el siglo XVII por qué nadie había notado antes que el problema no era ni la tradición ni el mito fundante, la política, sino la constitución del cuerpo político. Los motivó el ejemplo de indígenas y esclavos en las Américas.

Éstos se negaban a reconocer dios, príncipe o ley para mantener su costumbre, bien distinta de la libertad de comercio que los sometía como siervos, sujetos jurídicos y creyentes.

Para constituir el cuerpo político habrá que luchar como ellos, reparar la injusticia de nuestra historia más o menos boba, aprender cómo sus mitos explican la carencia de fundamento que a los nuestros afana y entrever así la ingenuidad de los contemporáneos que esperan convertir al rey entre nosotros a sus principios liberales. 

*Óscar Guardiola Rivera

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