Un museo revolucionario en situación fascista

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Es un cliché afirmar que vivimos en una sociedad del espectáculo. Algunos lo afirman sin siquiera recordar que una banda de artistas ya había acuñado el término en el siglo pasado. Su intención era bien distinta de la que caracteriza hoy a quienes acusan a las tecnologías de masas y los sueños utópicos populares de la actual crisis de legitimidad.

Los artistas de aquella época se atrevieron a soñar y construir ambientes, máquinas inteligentes y archivos que pudiesen hacer estallar el conformismo habitual y encender las posibilidades futuras. Antes que llamar al conservadurismo o el centrismo moderado, su crítica de la sociedad del espectáculo tenía una dimensión utópica, constructiva y revolucionaria.

Su ejemplo es relevante a la hora de considerar el Museo de la Revolución Democrática y Cultural abierto por el presidente boliviano Evo Morales. Como era de esperarse, los conservadores y centristas que no pueden aceptar aún la idea de un indígena que gobierna le han acusado de rendir culto a su personalidad y levantar un edificio costoso en una zona pobre.

El segundo argumento es superficial y tonto. Asume que los pobres no tienen derecho a la “alta” cultura ni pueden desearla, y que construir un museo en su medio ambiente es un gasto lujoso. No toma en cuenta el hecho de que la historia no ha sido contada desde la perspectiva de quienes no solo la han sufrido sino que además se han atrevido a cambiarla. En este caso el museo funciona como una máquina inteligente y una inteligencia colectiva empeñada en contarse a sí misma y a todos una historia que no es particular, sino que dice la verdad acerca de las contradicciones de nuestras aspiraciones universales, que ha sido borrada y revisada por los poderosos. Ello con el fin de hacer estallar los conformismos y encender la llama de las utopías futuras.

El primero proviene de un lugar que se ha vuelto común entre nuestros opinadores, mas no por ser común deja de ser errado. Se trata de la identificación entre los fascistas y sus opositores de izquierda como extremos que se atraen. Ambos serían “populistas”, igualmente peligrosos. Dicha opinión, mezcla de revisionismo histórico y desorientación política, malentiende el fascismo del siglo veinte como una reacción excesiva pero comprensible contra el comunismo y deshace la paradoja de las democracias modernas sin pueblo en un aparataje ineficaz de normas. Presenta a Trump y Chávez como equivalentes, y reduce la revolución cultural que creó a Morales a la personalidad de este último. Al hacerlo nos deja sin las armas necesarias para crear las alianzas transversales entre liberales progresistas e izquierdistas que derrotaron a los fascistas del siglo veinte, y sin las cuales será imposible detener el fascismo de Temer y Trump en el veintiuno.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido