Corruptos: potenciales asesinos

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La semana pasada escribí una columna que titulé “Ratas de dos patas”, igual que la famosa canción popular interpretada por Paquita la del Barrio. En ella, me refería a aquellos corruptos que se apoderan no solo de lo que no les pertenece, sino de aquello que es de propiedad de todos: dineros públicos.

El mismo día en que fue publicada mi columna, por pura coincidencia o no, el presidente tildó de “ratas de alcantarilla” a quienes pretenden robarse los dineros estatales destinados a atender la crisis.

Me alegró coincidir, en eso, con Duque. Hago parte de aquellos que han dedicado su vida a luchar contra la corrupción, que no es otra cosa que el cáncer ético que carcome nuestras posibilidades de desarrollo económico y social. No hay derecho a que funcionarios en contubernio con contratistas decidan saquear los recursos públicos. Ello es intolerable, y más en épocas de pandemia en donde comer es de por sí un gran reto para la mayoría de los colombianos, y sobrevivir es otro, este último para todos por igual.

Muy miserable es quien se ponga a robar lo poco que tiene el Estado para ayudar a los más vulnerables con alimentos y subsidios para contener los nefastos efectos del creciente desempleo la falta de ingreso. También lo es quien haga fiesta con los recursos disponibles para la adecuación de la red hospitalaria necesaria para la atención de quienes se contagien con este terrible virus, que no da respiro y que tiene en jaque al mundo entero.

Por ello, además, son de aplaudir los esfuerzos que, en esta época tan difícil, vienen ejecutando la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría al conformar y liderar, desde la cabeza misma de esas entidades, un cuerpo élite, un bloque de búsqueda, un escuadrón anticorrupción o como quieran llamarlo, para investigar y sancionar a quien se atreva a robarse un solo peso de los destinados a la atención de la crisis desatada por esta pandemia. Ojalá actúen en tiempo real, suspendiendo a funcionarios de cualquier nivel y encarcelándolos junto a los particulares que decidan robarse estos recursos, que no solo pertenecen a todos, sino que ahora son de vida o muerte. Así de clarito.

Transparencia Internacional ha dicho que la crisis requiere una disposición rápida de fondos, al mismo tiempo que no debe abandonarse el compromiso de combatir la corrupción, pues ante la magnitud de la crisis aumentan los riesgos y peligros del robo de dinero público que debería usarse para salvar vidas.

Resulta evidente que los dineros públicos deben ser gastados con la mayor celeridad, pero al mismo tiempo con total pulcritud, pues cada peso enredado en la corrupción puede ser igual a una vida perdida por cuenta de ella. O sea que, en épocas de pandemia, un corrupto es un potencial asesino.

Posdata. Muy bien que fiscal, procurador y contralor hayan puesto en su sitio a la locuaz vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, quien pretendía usurparles la función de liderar las operaciones anticorrupción. No solo no le compete, sino que tampoco le luce, pues a ella y a su socio-esposo los persigue Memo, un gran “fantasma” vinculado con el narcotráfico del Cartel de Medellín y el lavado de activos.

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