El “presidente de contexto”

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En sus eventos internacionales, el presidente Iván Duque había cometido desaciertos e imprudencias que, si bien nunca pasaron desapercibidas, sí fueron entendidas como salidas en falso de quien es poseedor de un espíritu infantil en tránsito a juvenil que cree que gobernar es agradar.

Me refiero a algunas perlas inolvidables como “cuántas cabecitas se hace Butragueño”, “cómo ha estado se Majestad, le mandó muchas saludes su gran amigo el presidente Uribe, que lo quiere mucho”, “siete es un número importante para la cultura. Tenemos las siete notas musicales, tenemos las siete artes, los siete enanitos” y “hace 200 años, el apoyo de los padres fundadores de los Estadios Unidos a nuestra independencia fue crucial”.

Sin embargo, el reciente capítulo de las cuatro fotos falsas en el informe ante la ONU es un asunto de la mayor trascendencia. Por cuenta de la chambonería de algunos, el presidente Iván Duque terminó en un oso internacional y diplomático que nunca será olvidado.

No hay derecho a que pongan a un presidente, tan golpeado en su pobre imagen como estadista, a ir a la ONU a entregar un informe de inteligencia sobre la alcahuetería de un gobierno extranjero con grupos subversivos y terroristas, lleno de impresiones y fotos falsas.

Un documento denominado “Amenazas a la Democracia, la Seguridad y la Paz Regional” con el mapa de Venezuela en su carátula, presentado en semejante escenario internacional, ameritaba, revisar hasta el más mínimo detalle. Cada palabra, cada cifra y cada foto (una imagen vale más que mil palabras) debía tener pertinencia y certeza, pues solo así, la comunidad internacional compraría sin glosa alguna, la idea cierta de que el régimen de Maduro es una dictadura refugio de delincuentes de todo tipo.

Por cuenta de algunas personas en el gobierno y las fuerzas militares, eso salió muy mal. Se equivocaron quienes participaron en la elaboración del informe, los cuales deben salir de sus cargos. Pero quien más se equivocó fue el aprendiz presidente que en vez de salir a reconocer el grave error, prefirió creer que somos tontos, minimizando el hecho con una frase que lo perseguirá toda su vida: las fotos son de “contexto”.

Ningún “contexto”, presidente. Si fueran fotos de “contexto”, habrían tenido una nota al margen, un pie de página, como el que debe ponerse, por ejemplo, cuando en una tesis de grado se cita a otro autor.

Lo del “contexto” no se lo creyó ni el mismo Duque, pues no por unas simples fotos de “contexto” se llama a calificar servicios a un general, jefe de la inteligencia militar. Haberlo hecho es la prueba irrefutable de que sus explicaciones fueron otra salida en falso de un presidente a quien se le critica, no su juventud, sino su inexperiencia para conducir los asuntos de Estado.

Mucho se dirá de aquí en adelante sobre este episodio, pues al fin y al cabo Duque, en si mismo, es un “presidente de contexto”. No es de extrañar, que en los libros de historia aparecerá para el periodo 2018 – 2022, otra foto de “contexto”; la de Alvaro Uribe Vélez, si es que la Corte Suprema de Justicia le permite terminar este mandato.

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