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El presidente Duque lleva 16 meses en el poder y lo realmente preocupante es que es en esos primeros meses cuando los mandatarios ponen a marchar el pilar fundamental de su prometida, añorada o visualizada obra de gobierno. Con la dilapidación de estos primeros pero muchos meses, bien podría decirse que al ritmo en que va Duque se irá con muchísima pena y sin ninguna gloria.
Un hecho cada vez más cierto es que este Gobierno no ha hecho nada de nada, aunque en gracia de discusión uno podría acordar, con aquellos que aún lo defienden, que él sí ha hecho algo, aunque poco.
Hace unos días, el expresidente Gaviria decía que “el Gobierno no tiene agenda, no tiene proyectos, no tiene reformas, tiene una temática supremamente reducida”, pero de forma lapidaria concluyó: “Si uno decide que lo quiere ayudar, no encuentra cómo ni en qué. Es un Gobierno al que le faltan propósitos”. En otras palabras, según Gaviria, Duque gobierna sin norte, sin rumbo, va al garete y gasta su tiempo en cosas sin sustancia.
Y eso lo paga caro un gobernante, pues la gente lo elige precisamente para todo lo contrario. Lo eligen para que actúe como estadista; para que genere empleo, crecimiento económico y desarrollo social; para que preserve el orden público y, además, para que busque e implemente la paz, sin ahorrar esfuerzos.
En entrevista con Luis Carlos Vélez, Duque dijo que él no estaba en un laberinto, y eso es cierto. Pero de lo que no se ha dado cuenta es de algo peor, y es que está bien metido en un callejón, cada vez más oscuro, solitario y peligroso. Duque está entrando, y ojalá me equivoque, en un punto de no retorno. Ya Colombia lo graduó de mal gobernante, de subpresidente, de preso del uribismo, de falto de carácter para enfrentarse a los suyos, que día a día lo están acabando.
La opinión pública tiene a Duque en un índice de desfavorabilidad superior al 70 %, la gente lleva semanas en las calles marchando y protestando, aunque la superflua vicepresidenta Marta Lucía Ramírez diga que es por cuenta del gobierno ruso. Estas dos situaciones son solo atribuibles al hecho de que la gente está inconforme con el Gobierno y con la situación que cada uno vive, que no es otra que un país sumergido en la informalidad, el desempleo, la falta de oportunidades y, sobre todo, un país capturado por los corruptos en vez de ser un país que captura a los corruptos.
Ahora bien, toda situación es susceptible de empeorarse. Al que está caído le aparecen y le aparecen más contradictores. Los resultados de la encuesta empresarial de La República son nefastos para Duque. Los empresarios, que Duque cree estar consintiendo, lo rajan a él y a todo su Gobierno, salvo a dos de 17 ministros.
Ya dirá la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez que detrás de esa encuesta también están los rusos, pero bueno es recordarle que, en realidad, detrás están 650 empresarios y el diario La República, de propiedad de un grupo económico colombiano, por demás, cercano a Uribe y a Duque: la Organización Ardila Lülle.
Presidente Duque: no son rusos, son empresarios.