Con todo contra el mundo

Pablo Leyva
23 de marzo de 2020 – 12:00 a. m.

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La publicación que conmemora la revista Alternativa de los años 70 evidencia su actualidad: el país no evoluciona.

Se toman decisiones ambientales preparadas con campañas de desinformación, expertos sobre medidas, interpretación habilidosa de recomendaciones, normas y sentencias de las cortes. Tendremos: fracking, glifosato, conflictos en la selva, intervención en los páramos y en los cerros de Bogotá…

Autorizaron “pilotos de investigación” de fracking en el Magdalena. Dicen que para conocer científicamente el impacto de esta técnica, evitar especulaciones y trabajar con las comunidades. En realidad, se trata de una evaluación costo-beneficio del fracking y ver si las comunidades dan la “licencia social” al recibir subvenciones. Todo para —hay que decirlo, una vez más— obtener hidrocarburos, emitir gases de efecto invernadero, desestabilizar el subsuelo y los acuíferos, contaminar aire y agua, afectar a la población y mantener al país en la edad del carbono. Un piloto de fracking no permite evaluar el macroimpacto y los efectos geoecosistémicos y socioeconómicos de esta técnica en el tiempo. La estrategia económico-energética del Gobierno a 30 años colapsó con el derrumbe del petróleo y las bolsas de valores. Ecopetrol debería transformarse ya en Ecoenergías, en un proceso justo y solidario con sus trabajadores y el país, para aprovechar su riqueza, sobre todo humana y organizacional, sin salir a venderla de afán.

El glifosato, un herbicida efectivo, se degrada en los suelos, puede acumularse, permanece mucho tiempo en medio acuoso, es potencialmente cancerígeno. Ampliamente utilizado en el país, debería ser controlado y eliminado pronto. No es conveniente usarlo en el control de narcocultivos, por sus efectos en los suelos, atmósfera, hidroecosistemas, biodiversidad, alimentos y poblaciones.

Algunos tumban la selva, sacan madera, queman, siembran coca, la aprovechan, después de la fumigación siembran pastizales. Otros tumban y queman, siembran cultivos de pancoger y luego pastizales. En ambos casos el proceso termina en fincas ganaderas; después se concentra la propiedad. Es urgente buscar alternativas con los campesinos y las autoridades locales para disminuir la presión puntual sobre la selva. El avance de la frontera agropecuaria y la presión estructural sobre la Amazonia y los Parques Nacionales debería controlarse en su origen: la necesidad de tierra, disponible en el latifundio. Y producir alimentos en lugar de importarlos.

Los páramos se transforman en pastos y cultivos. Y se quiere extraer oro en Santurbán con graves consecuencias ambientales y socioeconómicas. El Gobierno Nacional presiona para que los cerros de Bogotá se conviertan en parque con la construcción del “Sendero de las Mariposas” y así dar vía libre a la urbanización de la zona norte de Bogotá y la sabana. Alrededor y en las ciudades se necesitan áreas verdes para cultivar, cuidar la salud y tener esparcimiento. Se deben cuidar páramos y cerros.

Las fórmulas ilusorias de los amigos del PIB se agotaron. Es hora de preparar una transición manejable y efectiva del modelo de crecimiento y que tengamos “por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”*.

* Gabriel García Márquez. Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, 1982.

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