En contravía

Pablo Leyva
04 de septiembre de 2018 – 01:00 a. m.

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La serie sobre liderazgo sostenible de El Espectador llegó a su fascículo 24: “El sistema B y los esfuerzos colectivos para construir una sociedad sostenible”. Dirigido a todos los públicos, relaciona la actividad empresarial con la naturaleza y la sociedad. Explica cómo la sociedad actualmente puede incidir en los mercados cuando no se compra, pues se sabe que los productos afectan el ambiente y la salud o las empresas explotan trabajadores adultos y niños. A pesar de las instituciones laxas, la conciencia y el cambio de actitud de los consumidores están obligando a muchas empresas a reorientarse, modificar sus productos o desaparecer. Es el caso de algunos alimentos, especialmente los azucarados.

Se ha despertado conciencia de que “no es sostenible seguir funcionando bajo ideas que fueron pensadas para otros tiempos y otros contextos socioeconómicos”, cuya “única razón de ser es la maximización de utilidades”. Y han aparecido “las empresas con propósito”, o “empresas B”, que se empeñan en desarrollar una nueva economía respetuosa de la gente y la naturaleza. En Colombia hay varias de estas empresas, esfuerzo que debe ser estudiado e imitado ya que es una semilla del cambio necesario para lograr el desarrollo sostenible.

Pero se requiere que este esfuerzo en lo micro se acompañe de políticas macro: económicas, sociales y ecológicas, para que rindan frutos a escala de país, de forma que se contrarreste el aporte al cambio ambiental global, que nos afecta a todos, generado por un modelo de crecimiento insostenible. Ahora que los gremios están en los ministerios, deberían propiciar este cambio con el objeto de que el crecimiento material respete los límites que impone la naturaleza y se alcance un desarrollo económico y social ambientalmente sostenible. Al parecer, por las declaraciones y propuestas de todos los sectores empresariales y desde el Estado, se insiste en profundizar el modelo neoliberal, como si al maximizarlo finalmente se obtuvieran los beneficios prometidos.

Colombia está en la periferia de la economía mundial, es altamente vulnerable a los vaivenes de los mercados y al cambio ambiental global y climático. No es cierto que estemos blindados, ¿quién se hace responsable de semejante afirmación? Los riesgos son enormes y los efectos, destructivos; recientemente, la sola variación del precio del petróleo produjo una situación crítica y los efectos del cambio climático en el país son verificables. ¿Por qué no se “corren” modelos con escenarios climáticos de corto plazo que contemplen la caída del petróleo y el carbón?

Bruce Mac Master, angustiado frente a una estructura empresarial que no funciona, afirmó que se necesitan más microeconomistas que entiendan y apoyen las empresas, pero la realidad es mucho más compleja. Se necesitan científicos y profesionales de todas las áreas que propongan de manera innovadora modelos para crear e implantar un nuevo ecosistema productivo y empresarial en armonía con la naturaleza y que responda a las necesidades de la sociedad. Lo otro es morir, acelerando en contravía.

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