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Es evidente que Colombia no era tan nefasta como la pintaban los medios hace unos años; pero tampoco es el paraíso que venden ahora.
El secuestro del periodista francés, o su desaparición –como prefiere llamarla el Gobierno- es un duro golpe para la imagen del país -tan ponderada en los últimos días. Colombia ha tenido notorias mejorías, pero no puede sostenerse, como parecen hacerlo los medios internacionales, que ya superamos todos nuestros problemas. Es un proceso que la nación emprendió pero que requiere todavía esfuerzo.
El Gobierno Uribe a través de la seguridad logró reactivar la economía; los nacionales tuvieron el estimulo para producir, y se atrajo inversión extranjera determinante para el despegue económico. Sin embargo, el tema de la seguridad no está resuelto. La guerra en Colombia se financia del narcotráfico y mientras este negocio continúe siendo un proveedor de recursos, la violencia se mantendrá. Los narcoterroristas de las Farc dejaron el ideario marxista en un segundo plano; a veces parece que la droga financia las formas de lucha, a veces que las remplaza. Los otros grupos guerrilleros siguen el mismo camino, y así también las Bacrim y demás agentes del caos social, todos están vinculados con este ilícito negocio. Nos corresponde entonces una lucha intensa, que requiere estrategias de largo plazo y continuidad en las políticas.
Por eso, es inexplicable que el gobierno nacional promueva políticas que no parecen aportar a la consolidación de la seguridad; el marco jurídico para la paz y el fuero militar.
El Marco Jurídico para la Paz tiene un título rimbombante que no se compadece con su realidad. Si se hace la negociación con las Farc y con otros grupos ilegales no habrá paz. Habrá como ya ha habido, un cambio de actores: otros grupos con otro nombre –o puede que con el mismo- iniciarán sus negocios de droga y con ellos los de corrupción y crimen. Así que lo primero, sería restringir el proyecto a su capacidad real: marco jurídico para la negociación y amnistía de grupos criminales. Además, el proyecto pretende la impunidad. Por supuesto que las negociaciones requieren cesiones por parte de la sociedad para que los violentos detengan sus hostilidades; pero esas cesiones deben ser mesuradas y acordes a las vivencias del país. Una propuesta como la de perdón y olvido como la que plantea el proyecto está casi legitimando lo que padecemos y le resta importancia al dolor de tantos colombianos sacrificados.
La discusión sobre el fuero militar no parecería necesaria, existe el artículo 221 de la Constitución Política: “De los delitos cometidos por los miembros de la fuerza pública en servicio activo, y en relación con el mismo servicio, conocerán las cortes marciales o tribunales militares, con arreglo a las prescripciones del Código Penal Militar. Tales cortes o tribunales estarán integrados por miembros de la fuerza pública en servicio activo o en retiro”. Con este texto constitucional tan claro, no es entendible por qué hemos llegado a que la Fuerza Pública esté siendo juzgada por la Fiscalía. La Constitución estableció un fuero militar muy preciso que el Gobierno debería hacer cumplir. No es comprensible que por el contrario, el Gobierno pretenda un proyecto que desmejora el existente.
Se trata de dos proyectos que desorientan la ruta de la nación en temas fundamentales para la consolidación de la seguridad en Colombia. El Gobierno de Santos nos está devolviendo hacia esos tiempos donde los gobernantes parecían extraterrestres; desconectados de los asuntos nacionales. Las promesas abundantes y opulentas se lanzan al aire y las recibimos como viento pasajero, cruza en todas dirección e ir y venir sin razón. Colombia es un país con problemas visibles, que requieren soluciones direccionadas. Ojala el secuestro del periodista francés sirva para que el Gobierno rectifique aspectos tan cruciales como estos, íntimamente relacionados con la seguridad.
Nota: Le agradezco a los lectores sus comentarios sobre el artículo de la educación; los he leído atentamente. La semana entrante, cuando termine de investigar los asuntos relacionados, contestaré algunas críticas importantes al respecto para profundizar en un debate que el país tiene que dar a propósito de la calidad en la educación básica pública.
@PalomaValenciaL