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El internet es la maravilla de nuestro tiempo. Es aquello magnifico y misterioso que cambió para siempre la manera como se comporta y se expresa la sociedad.
La revolución es evidente en casi todas las áreas, y en poco tiempo, transformará también las que aún no han sido afectadas. La política cambiará definitivamente. La representación es cada vez menos necesaria; los partidos serán pronto inútiles. Las personas, cada vez más, están en la capacidad de expresar sus ideas, debatir los asuntos públicos; pueden mantener contacto directo con los políticos.
Lo más importante, el Internet facilitó la organización de las comunidades. Quienes protestan contra injusticias encuentran fácilmente una comunidad mundial dispuesta a respaldarlos y darles más fuerza y movilidad a sus críticas. Los problemas regionales ahora son un asunto mundial; las empresa de cualquier índole deben saber que ya nadie está solo. Las redes sociales son un acceso a una enorme comunidad virtual cuyos lazos de solidaridad parecen recoger las utopías de entendimiento social.
El mundo de la información y los medios de comunicación ha sido testigo del asunto. Wikileaks es uno de estos casos. Los ciudadanos ahora tienen la capacidad de denunciar todo lo que viven o saben. Los filtros que imponían los grandes medios y los gobiernos por motivos económicos o políticos, ahora no existen. El mundo se enfrenta a la tentación del destape total.
El caso de Assange nos plantea algunos de estos elementos, pero también confunde otros. El proceso contra el fundador de Wikileaks en Suecia nada tiene que ver con la libertad de expresión, se trata de un caso por el abuso que supone el mantener una relación sexual sin el uso de preservativo, cuando así se le solicitó. La defensa de Assange sostiene que es todo una treta para llevárselo a Suecia y de ahí enviarlo a EE.UU.
La conspiración es difícil de creer. Por supuesto EE.UU. debe querer sancionar a Assange por la publicación de la información confidencia que mostró las muertes de civiles, los falsos positivos y los malos manejos durante las guerras de Afganistán e Irak. Así lo ha hecho con el soldado Bradley Manning que contribuyó en la develación. Sin embargo, no parece sensato asegurar que el plan pasa por Suecia, cuya amistad con EE.UU. no es evidente.
Si ese fuera el caso, se esperaría que Assange respondiera en Suecia por las denuncias sexuales; y si EE.UU. intenta su extradición se inicie ese despliegue gigantesco que hoy discurre ante lo que es hasta ahora sólo una eventualidad.
El desenlace, según el cual, Ecuador y el presidente Correa se convierten en los defensores del derecho de expresión y la libertad de presa, le da un matiz casi cómico al asunto. Correa ha sido denunciado continuamente por la violación de la libertad de expresión y prensa en Ecuador. Ha cerrado medios y perseguido periodistas. Andiarios para darle una lección moral al mandatario ecuatoriano publicó en todos los medios latinoamericanos la famosa columna de Emilio Pacheco. Esa columna que llama a Correa, el dictador; dio lugar a una condena contra El Universo de Guayaquil por 42 millones de dólares y cárcel de tres años contra el periodista y los tres dueños del periódico. Y vale recordar que ese gobierno ecuatoriano –que ahora pide salvoconducto para que Assange viaje hacia Ecuador- le negó ese mismo salvoconducto a Carlos Pérez director del diario, a quien Panamá le había otorgado asilo.
La zalamería de los suramericanos tiene su explicación. Nuestras organizaciones están comprometidas en la demagogia de los gobiernos de izquierda, y Argentina tiene la causa de las Malvinas en contra de Gran Bretaña.
@PalomaValenciaL