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El nombre no suena muy gourmet, pero sí que lo es. Y lo digo además con orgullo patrio, pues es de comida colombianísima.
Al ver su carta y probar sus platos se deduce que detrás hay un gran trabajo de investigación gastronómico. Y una prueba de ello es que han sido visitados por el televisivo Anthony Bourdain y por el catalán Ferran Adrià, del otrora famoso restaurante El Bulli.
Un equipo en la cocina muy profesional, sereno y dedicado. Los nombres de los platos describen gratamente su origen o composición.
Un superclásico paisa, el tazón de fríjoles verdes con costilla, una versión montañera en un enorme plato hondo y al lado un plato plano con carne en polvo —léase carne molida—, torticas de chócolo —léase mazorca—, arepitas de bola —léase bolitas crocantes de maíz amarillo—, chicharrón, plátano maduro, arroz y aguacate.
El tamal de Guapi, un plato creado por las cocineras de la plaza de mercado de ese lindo pueblo caucano, con masa de puré de plátano verde con coco y especias, envuelto en la bien amada hoja de plátano.
La próxima vez curiosearé otros platos de la carta: cazuela de pescado en horno de leña con los secretos de la comadre Carmen Bautista, cocinera mayor en las playas de San Bernardo del Viento. La bandeja barichareña, una sobrebarriga adobada en cerveza, colombiana, aguardiente y miga de pan, al horno de leña. El morrillo monteriano, de las haciendas ganaderas de la sabana cordobesa, asado al carbón en salsa de panela acompañada de yuca y suero costeño. La sopa de cura en vereda, de chocha de arroz atollado, plátano maduro, paticas de chicharrón. El tamal de fríjol cundiboyacense, de La Mesa, Cundinamarca, con masa de fríjol y relleno de carne desmechada y hogao. Las canoítas del Pacífico: tajadas de plátano verde con anchoas —colombianas— y queso costeño. La sopa de almojábanas bugueñas: un caldo de pollo y cebolla, gratinado, con guiso y queso criollo.
Un clamoroso aplauso se merece este arte vivo culinario, cocina criolla elaborada con calidad gourmet en el que cada bocado sabe a Colombia. Un restaurante con identidad.
Crítico gastronómicoIndicador CLAP (calidad-local-atención-precio).