Para serle Franco

Restaurante Osk Perú en Bogotá

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En el Perú es donde se ha dado una de la más grandes y perfectas fusiones entre la gastronomía de emigrantes —en este caso japoneses, a finales del siglo XIX— y la de un país que los acoge. Se llama nikkei a todo emigrante japonés y sus descendientes en cualquier país del mundo. La cocina nikkei fue reconocida a partir de los años 80, cuando el poeta peruano Rodolfo Hinostroza expresó haber encontrado el “sabor nikkei”. Desde entonces ha adquirido prestigio global y es sinónimo de cocina peruano-japonesa. Un mestizaje culinario basado esencialmente en técnicas niponas e ingredientes criollos, en donde todo va rigurosamente pulcro y calibrado.

El restaurante Osk, de cocina nikkei, está presente en varios países, con su barra sushi, el izakaya —raciones no muy grandes para compartir— y la robatayaki —la parrilla japonesa—.

Un gran aplauso por el pato mochero, crocante sobre arroz al wok con cecina y hongos shiitake, al que le vierten unas gotas de miel de curuba y se sirve sobre hoja de plátano, ¡deliciosísimo! Y por las inka gyozas, rellenas de pato confitado y hongos shiitake servidas con crema de ají amarillo, sencillamente formidables. El ají amarillo es quizás el ingrediente más noble y característico de la cocina peruana.

El buta, un sushi al estilo Osk, de papada de cerdo al horno, con sake y shoyu, sorprendente, estupendo. El chanchito nikkei, cerdo confitado y glaseado con salsa ramen teriyaki tacu tacu y chalaquita de rocoto.

¡Y otro aplauso para los pescados! El osk tatakii, sellado con una salsa cítrica oriental, togarashi y negi. Y el shiromi a la brasa, pescado blanco marinado en soya con salsa de ajo crocante, almendras y ajíes peruanos. Estupendos.

El ebi osk, langostinos a la parrilla en crema de puerro y curry rojo. El kanitan, una masa crocante rellena de jaiba, con crema de queso, rocoto y maracuyá, se queda corto en sus atributos y parece muy distante de la comida nikkei.

Dos postres interesantes, uno el tradicional mochi, una masita de arroz, servido aquí con relleno de jalea de te verde. Y otro el chai brûlée, una crema caramelizada y aromatizada con té chai, granita de coco y gajos de ciruela.

El lugar muy hermoso, y con buena mística de servicio a la mesa, gente amable rápida y camareros bien informados sobre los platos.

Evaluación del índice CLAP (calidad-local-atención-precio): muy bueno.

Dirección: carrera 13 n.° 85-25, Bogotá; tel. 1 631 8175.

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