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¡Basta ya!

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CUANDO A UNO LO AGREDEN, Y LE allanan su vivienda, y se lo llevan a la fuerza, y lo separan de su familia, y le impiden sacar sus bienes, y le marcan su casa para demolerla, y lo insultan, y le violan sus derechos, lo mínimo que necesita para mantener su equilibrio sicológico es que alguien con autoridad se levante enfurecido en su favor y en contra de los agresores, para dejarle muy claro a todo el mundo que uno merece respeto y que alguien impedirá que su dignidad y sus derechos sean pisoteados, como les ocurre a los colombianos que están siendo agredidos y humillados de la peor manera por los venezolanos de la Guardia Nacional y por su jefe, el presidente Maduro…

Así, el agredido, al sentir que cuenta con una autoridad que lo proteje, respira tranquilo porque sabe que ella velará por su bienestar y que, por eso, nada malo podrá ocurrirle…

Pues precisamente eso es lo que acaba de hacer el expresidente César Gaviria quien, energúmeno, le exigió a Maduro que respete a los colombianos, que no les viole sus derechos, que se atenga al Derecho Internacional Humanitario y que no se comporte como fascista que hace marcar sus casas para luego destruirlas. Gaviria levantó su voz para protegernos con una energía que le agradecemos, porque los colombianos nos identificamos con su indignación, ya que a todos nos dolió ver cómo nuestros compatriotas de la frontera están siendo atropellados por los venezolanos.

¡Gracias presidente Gaviria por defendernos! Y gracias por cantarle la tabla al secretario de Unasur, a quien se le fueron las luces pues, sin constatar los hechos en la frontera, en su primera declaración minimizó la agresión contra los colombianos y le dio el énfasis al problema que genera la presencia de paramilitares en la zona.

¡Por supuesto que paramilitares colombianos hay ahí, y muchos! Es más, acostumbran matar en Colombia y arrojar los cadáveres en Venezuela, como lo supe en Cali durante la gran reunión de víctimas del conflicto, en la cual el representante de una ONG que se ocupa de ese tema, cuyo nombre reposa en mi libreta de apuntes, describió ese tipo de casos.

Pero esa presencia de paramilitares, e incluso sus acciones contra los miembros de la Guardia Nacional venezolana o contra el Gobierno de ese país, no le otorga derecho al presidente Maduro para maltratar, insultar y vejar a los colombianos humildes que tratan de trabajar y de hacer una vida con sus mujeres y sus niños en la tierra del Libertador.

¡A Colombia se le respeta, presidente Maduro!

Y al presidente Santos le decimos que le ofrecemos nuestro apoyo y que es bueno que sea sereno.

Pero a veces añoro tanto a Carlos Lleras quien, ante la protesta del 19 de Abril de 1.970, que amenazaba con convertirse en una revuelta inconmensurable, apareció por televisión y controló la situación con sólo mirar su reloj y decir, en su tono pausado pero incuestionable: “son las ocho de la noche, a las nueve de la noche no debe haber gente en las calles, el toque de queda se hará cumplir de manera rigurosa y quien salga a la calle lo hará por su cuenta y riesgo, con todos los azares que corre el que viola en estado de guerra una prescripción militar”.

Recuerdo que yo estaba en cine. Suspendieron la película. Salí en carrera. Y, como todos los colombianos, me guardé en mi casa porque así lo había ordenado el presidente.

(¡Cómo hace de falta ahora, querido doctor Lleras!).

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