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¡OH PARADOJA! HAY UN COLOMBIAno que, en el fondo de su alma, seguro está más feliz que todos con el triunfo de Hugo Chávez: Álvaro Uribe…
Es que a pesar de que sus políticas se oponen, la victoria del venezolano favorece la aspiración reeleccionista del colombiano. De eso no cabe duda. Incluso muchos en el país vecino también lo ven así: el escritor Óscar Marcano comentó, por ejemplo, que “el que se le abra un cauce a la reelección de Chávez, favorece a Uribe”.
Pero dejemos de lado el tema de la reelección de Uribe del cual tendremos que ocuparnos sistemática y periódicamente hasta que con nadadito de perro el Presidente logre que pase cualquier reforma que le permita reelegirse y, entonces, salga a decir que, como según las encuestas, ningún candidato uribista ha reunido el apoyo necesario para garantizar que el país se salve de la hecatombe, él se sacrificará por el bien de la Patria y, por eso, lanzará su tercera candidatura. Abandonemos, pues, nuestro disco rayado y analicemos el significado del triunfo de Chávez en Venezuela:
En primer lugar, se trata de una victoria agridulce porque si bien ganó por más del 54%, como lo reconoció la oposición, su apoyo ha descendido, ya que en 2006 fue reelegido con diez puntos más. Ese descenso paulatino del apoyo del pueblo ya se había manifestado hace tres meses, cuando en las elecciones regionales, si bien ganaron sus candidatos, el chavismo perdió gobernaciones importantes como la de Carabobo y la de Miranda, que agrupa a cuatro de las cinco alcaldías en que está dividida Caracas.
En segundo término, con la disminución del precio del petróleo, del cual depende la economía venezolana, es difícil que Chávez pueda cumplir su sueño de que lo reelijan en 2012. Según Marcano, su proyecto es sostenible si el barril de petróleo se vende a US$80. Pero ahora está a US$35. La crisis económica es tal que por ejemplo Pdvsa, la empresa de petróleos de Venezuela, que desde hace seis meses no les paga pasivos a sus contratistas, ya anunció que, por ahora, sólo les cancelará el 40% de los mismos. Y el recurso del crédito internacional está agotado, no sólo porque dada la crisis mundial los préstamos están cerrados, sino porque probablemente a Chávez será al último al que quieran ayudarle luego de que lo escucharon hablar tan mal de la banca mundial.
Y en tercer término, la mezcla de ambos factores, es decir, la ausencia de una victoria política contundente, unida a la crisis económica, hace que a Chávez le quede muy difícil realizar los cambios estructurales que le darían paso a su socialismo del siglo XXI y que amenazarían la propiedad privada.
Sin embargo, los empresarios de Venezuela no están tranquilos, y ahora se arrepienten de haberse sentido tan seguros de ganar el referendo y de no haber destinado más dinero para financiar la campaña anti reelección, permitiendo que dominara la propaganda oficial y que Chávez reversara la tendencia con su popular eslogan de “amor con amor se paga”.
Definitivamente, aun cuando la oposición venezolana ha progresado, todavía es mucho lo que tiene que aprenderle a ese monstruo político que es Chávez. Es lo mismo que ocurre en Colombia: que a la oposición le falta mucho por aprenderle a Uribe.
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¡Felicitaciones!, mi querido D’Artagnan, por ese muy merecido premio que a tu vida y a tu obra de gran periodista te otorgó el CPB.