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Eln, se agotó el tiempo

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En este país lleno de malas noticias, el anuncio de que comienza la etapa pública de los diálogos entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional, Eln, es una de las mejores noticias que pueden darse, pues si se alcanzara la paz únicamente con las Farc se estaría logrando una paz incompleta que nos mantendría en esa búsqueda permanente y frustrante de un anhelo que cada vez parecería más inalcanzable.

De modo que felicitaciones al Gobierno y al Eln.

Pero las partes deben tener muy claro que el tiempo es angustioso. Ya se perdieron meses eternos y preciosos en la escogencia del país sede de los diálogos. La agenda de seis puntos es compleja y larga de evacuar. Ya llevan tres años de conversaciones exploratorias y tienen que avanzar muy rápidamente porque al Eln se le acabó el tiempo: dentro de un año, el país estará comenzando la campaña electoral, el vicepresidente, Germán Vargas Lleras, y los demás funcionarios que aspiren a la Presidencia y al Congreso estarán renunciando a sus cargos y al Gobierno le quedará prácticamente imposible crear el ambiente propicio para que se adelanten conversaciones de paz con el Eln o con cualquier otro grupo.

Para ese momento, el proceso de paz con las Farc debe haber terminado (eso esperamos), pues se calcula que el 31 de diciembre del 2016 haya concluido el desarme de ese grupo ya que, según comentó alguno de los miembros del Secretariado, aspiran a estar haciendo política en el 2017.

Y en ese momento, también, luego de haber completado cuatro años de diálogos de paz con las Farc que parecían eternos, y que tenían a la gente fatigada al observar que se conversaba sin mayores resultados mientras la oposición regaba el infundio de que se cedía casi todo a cambio de muy poco, sostener un proceso con el Eln y someter a la gente a presenciar los tires y aflojes que tendrían los diálogos con esa organización, sería entregarles a los políticos que se oponen a la paz la munición necesaria para que hicieran volar el proceso.

De modo que, ahora, cuando el tiempo es aún mucho más escaso, quiero reiterar lo que hace un año le dije en esta columna a Gabino, jefe del Eln, a propósito de una comunicación suya en la que daba a entender que era preferible que las definiciones se demoraran antes de tomar decisiones equivocadas.

Le decía entonces: “el tiempo sí apremia, comandante: apremia para los pobres que necesitan salir de la pobreza; para los habitantes de la zonas de guerra que no quieren seguir viviendo bajo el terror que les produce el riesgo de que puedan morir en cualquier momento; para las madres que no quieren parir más hijos para la guerra; para los hijos de ustedes que quieren vivir en un hogar tranquilo; y apremia para ustedes a quienes ya les están pasando los años y, si no aprovechan la oportunidad de paz que existe ahora, y que por décadas no volverá a presentarse, seguramente acabarán sus vidas agotados de tanto esperar que las condiciones de la utopía hayan madurado, o acribillados por las balas disparadas por el Ejército que, luego de alcanzado un acuerdo con las Farc, descargaría su poder de fuego exclusivamente sobre ustedes”.

Sí, señores del Eln y de las Farc, el tiempo apremia sobre todo porque la hora del presidente Santos llega a su fin. Y la ley del péndulo indica que los procesos de paz tienen que adelantarse y concluir bajo su período, pues el mandatario que venga no podrá seguir en las mismas. El país no lo toleraría.

www.patricialarasalive.com

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