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A PESAR DE ESTE INVIERNO SIN PREcedentes, que ha sumergido en la miseria a cientos de miles de colombianos,…
A PESAR DE ESTE INVIERNO SIN PREcedentes, que ha sumergido en la miseria a cientos de miles de colombianos, empezando por los queridos pobladores del departamento del Atlántico, con quienes tenemos que solidarizarnos de inmediato, esta Navidad nos regala cosas buenas: la primera, la aprobación en el Congreso, en su primera etapa, de la ley de víctimas y de restitución de tierras, la cual pareció a punto de hundirse a punta de zancadillas que, con gran habilidad, los ministros del Interior, Germán Vargas Lleras, y de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, lograron evadir. En este caso, el país les debe unas gracias enormes, no sólo a ellos, sino, principalmente, al presidente Santos, quien se comprometió a fondo con esa iniciativa, hasta el punto de que la presentó en persona en el Parlamento y dijo que si lograba sacarla adelante, para él, ¡haber sido Presidente habría valido la pena!
Pero también les debemos gratitud a otros, como los parlamentarios Juan Fernando Cristo, del Partido Liberal, e Iván Cepeda, del Polo Democrático, siempre listos a defender los derechos de las víctimas. ¡Lástima que el proyecto aprobado hubiera excluido a las víctimas anteriores a 1991, es decir, a las de la Unión Patriótica, partido contra el que se perpetuó uno de los peores genocidios. Pero esa falla puede remediarse en las etapas que aún le falta recorrer a la ley. Ojalá la enmienda se logre.
El otro gran regalo es la distensión con nuestros vecinos, asunto que afectaba no sólo el comercio entre las naciones y las relaciones políticas con América Latina, sino, principalmente, la vida cotidiana de los habitantes de la frontera, que estaban sufriendo el absurdo de vivir sometidos a una separación tan arbitraria como la del Muro de Berlín, el cual, por décadas, escindió familias y amigos. Gracias, por ese regalo, al Presidente y a su inteligente, hábil y discreta canciller, María Ángela Holguín.
Y el tercer gran regalo es el Premio Nobel de Literatura otorgado al peruano Mario Vargas Llosa, uno de los escritores latinoamericanos más prolíficos y agradables de leer, quien, a propósito, hace mucho tiempo merecía el galardón.
Y para cerrar con un buen regalo de Navidad para ustedes, queridos lectores, aquí les dejo estas frases extraídas del bello discurso pronunciado la semana pasada en Estocolmo por el nuevo Premio Nobel:
“Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos… Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola”.
Aprender a leer “es la cosa mas importante que me ha pasado en la vida… La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura…”.
“Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia… Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana”.
“Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible”.
¡Feliz Navidad, queridos lectores!