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EL CANJE DE ALFILES ENTRE EL MInistro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, y el embajador en Washington, Luis Carlos Villegas; o el enroque, como lo llamó el presidente Santos, es una jugada digna de los ajedrecistas Karpov y Kasparov.
Y a ella se suma el envío, como miembros permanentes de la mesa de La Habana, de Gonzalo Restrepo, exdueño y expresidente de Almacenes Éxito, y de la estrella del gabinete, la canciller María Ángela Holguín, quien seguro sólo ejercerá hasta septiembre porque ingresará a la Universidad de Harvard. Entonces, según mi pálpito, el canciller será Néstor Osorio, actual embajador en Londres, exdirector ejecutivo de la Organización Internacional del Café y exembajador ante la Organización Mundial del Comercio y ante la ONU, donde dos veces presidió el Consejo Seguridad. Osorio, con su experiencia en diplomacia, su inteligencia y sus buenas maneras, jugará un papel clave a la hora de conseguir apoyo internacional para nuestro complejo posconflicto. Estos, pues, son enroques magistrales del pokerista-ajedrecista Santos, los cuales conducirán seguro a un rápido final de esta guerra. Veamos por qué: El nuevo mindefensa no sólo fue 16 años presidente de la ANDI; vocero de los empresarios en el proceso del Caguán en época de Pastrana; miembro de la actual mesa de La Habana y embajador en Washington sino, también —y muy importante en esta coyuntura—, padre de Juliana Villegas, esa estudiante de la Javeriana quien, en noviembre del 2001, cuando tenía 18 años, fue secuestrada por las Farc y, tres meses después, a las ocho horas de ser liberada, le dio a la revista Semana una de las entrevistas más espléndidas y generosas que yo haya leído. Allí, no sólo se pinta ella sino pinta a su padre: (http://goo.gl/URhNKx). Es decir que el Ministerio de Defensa quedó en las mejores manos pues Villegas, además de ser un gran ser humano, conoce a las Farc y a los gringos; es alguien en quien confían los empresarios y a quien respetan los militares, como lo demuestran las declaraciones que dio en su favor el duro general (r) Jaime Ruiz Barrera, presidente de Acore; y entiende a las víctimas pues padeció la angustia de tener a la “niña de sus ojos” secuestrada por Romaña. Y Pinzón, el nuevo embajador en Washington, uno de los hombres más cercanos a Santos, ahora jugará un papel clave en aplacar la rabia de los gringos por la afortunada suspensión de las fumigaciones con glifosato: a él le quedará fácil decir: “yo no estuve de acuerdo”. Y también tranquilizará a los republicanos inquietos con el proceso de paz, pues les dirá: “yo les puse a las Farc las estocadas necesarias para que el resultado final de la negociación sea favorable”. Y a la izquierda, tan crítica de Pinzón, le digo: hay que ser justos con él: a Pinzón le tocó el papel más difícil: el de ser el ministro de la guerra cuando se negociaba la paz en medio de la dinamita que, contra Santos y el proceso, Uribe introducía de modo permanente en los cuarteles, en las mentes y en el corazón de los militares. Esa irresponsabilidad de Uribe, en gran parte gracias a la dureza de Pinzón, ¡por fortuna no logró socavar el apoyo militar al gobierno hasta el punto de que se produjera un golpe de Estado! ¡Gracias, exministro! Tal vez en lo único que no estuve de acuerdo con Pinzón fue en que utilizara ese lenguaje hiriente tan del gusto de Uribe y de tantos militares y colombianos contagiados con ese léxico generador de violencia. En todo caso, ¡felicitaciones a Villegas y a Pinzón! ¡Que la sabiduría, la firmeza y la generosidad los acompañen! Y el próximo viernes veremos ¿cómo podría faltar tan poco para firmar la paz?