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Ir a ver a Brecht, un buen plan para Uribe

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Senador Uribe: ya que por no verle la cara al presidente Santos se perdió de la invitación que le hizo Obama para comer hamburguesas en la Casa Blanca, y de la que le mandó el embajador Juan Carlos Pinzón, exministro de Defensa y antiguo viceministro durante su mandato, para saborear los deliciosos bizcochos de achira que ofreció en la residencia de la Embajada de Colombia en Washington, no obstante que el argumento que le dio el expresidente Pastrana para que asistiera fue imbatible (que quien lo invitó no fue Santos sino Obama, de modo que usted resolvía su conflicto si viajaba en vuelo comercial y llegaba a la Casa Blanca a patica), le tengo un buen plan para hacer en estos días:

Vaya por favor al Teatro Libre de Bogotá, sede Chapinero, a ver la gran comedia del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, Un hombre es un hombre, dirigida por Ricardo Camacho, ese obstinado en hacer teatro clásico en este país que opta por lo light porque ¡qué jartera pensar! ¡No se la pierda! Creo que usted, con lo culto que es, seguro la ha visto. Y si no, quien de verdad debe conocerla es doña Lina Moreno, su señora, filósofa y literata.

Un hombre es un hombre (1.926) es una de las más famosas comedias de ese genio alemán de la dramaturgia, quien fue soldado en la Primera Guerra Mundial y vivió los horrores del combate, de la sangre, de los muertos, de las viudas que deambulan en busca de sus maridos desaparecidos y, lo que es peor, de la metamorfosis que la guerra genera en el ser humano hasta el punto de que llega a darle lo mismo si los muertos son uno o 1.000; lo importante es guerrear, no le hace contra quién, ¡la guerra por la guerra! Lograr el fin, por pendejo que sea —en la obra de Brecht, conseguir 25 botellas de cerveza para que cada uno de los cuatro soldados disponga de diez—, es lo que importa. Entonces los guerreros asaltan una pagoda porque, como les dice el amigo Rick, “esta pagoda, cagada por las moscas, debe estar repleta de plata de limosnas”. Pero como en el asalto se les avería un soldado que queda colgado en un cable eléctrico, y no pueden contarle al jefe la verdad, le responden: “es que… mi sargento, (él) se fue a hacer sus necesidades”, y el sargento contesta: “caballeros, si esta noche no llegan a comparecer a mi llamado con su cuarto hombre, van a lamentar no haber sido fusilados en el vientre de sus madrecitas”. ¿Y qué solución se les ocurre a los soldados? Como si Brecht viviera en la Colombia de hace un ratico: ¡acudir a un falso positivo! Entonces los soldados engatusan al estibador Galy Gay, quien no sabe decir que no, y lo convierten en el soldado Jimmy Jones, un monstruo que ya dice: “sin carne y sin cerveza un hombre no puede vivir”. Y, así, Galy Gay, irreconocible hasta por su propia esposa, muere… Y sobrevive el monstruo deformado por la guerra. Y…

Mejor vean ustedes Un hombre es un hombre, y ayúdenle al Teatro Libre y a ese genio terco que es Camacho, a que los haga pensar, a ver si TODOS paramos esta guerra para que volvamos a ser hombres en vez de orangutanes, como Jimmy Jones, y como los que aún se empeñan en guerrear para que no termine la guerra.

En cartelera hasta el 25 de marzo, funciones de jueves a sábado, 8 p.m. Reserven ya su boleta. Digan que es de parte de Patricia Lara. Así entran gratis. ¡Yo los invito! ¡Es en serio! ¡Llamen al teléfono fijo (Bgta) 5421559 que se agotan las entradas!

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