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La política del insulto

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Como si en colombia no hubiera suficientes hechos generadores de violencia, se desató una ola de insultos vía twitter, en la que el senador José Obdulio Gaviria respondió la opinión de la ministra de Educación, Gina Parody, sobre que el expresidente Uribe es “amigo de los paramilitares” (lo cual generó, hace unos años, que por eso y por la reelección ella rompiera con él), con un destemplado insulto de índole personal en el que la acusó de ser “lagarta, rica y gay”, epítetos que, fuera de ser de muy mal gusto, no implican que ella haya cometido delito alguno.

Sin embargo, después, el senador llamó “criminal” a la ministra. Y eso sí tendrá que probarlo. De lo contrario, tendrá que retractarse de haberlo dicho. Afortunadamente, ante la reacción airada de la comunidad gay, el martes el senador Gaviria borró de su twitter ese insulto y, en su reemplazo, escribió: “Borré trino y pedí perdón a comunidad LGBT porque nada más alejado de mí que pretender ofender o discriminar. Mi guerra es con el mal gobierno”. Ese es un buen comienzo. Y vale la pena aprovechar esa contrición suya, para invitar al senador Gaviria a que reflexione y a que lleve a reflexionar a su jefe, el senador Uribe, a sus hijos Tomás y Jerónimo, a la senadora Cabal y a los varios miembros de su grupo que tienen el hábito de hacer política regando insultos por doquier, sobre el bien que le harían al país, y a la siquis de todos los colombianos, si cambiaran sus insultos por las críticas sólidas y constructivas; sus descalificaciones automáticas de quienes no piensan como ellos por la aceptación de las sociedades incluyentes donde se acepta la diversidad de opiniones y de credos; y su visión del mundo dividido entre buenos y malos por el de uno compuesto por una humanidad donde todos estamos hechos de una mezcla de matices, gracias a la cual nadie es absolutamente malo ni absolutamente bueno. Porque está comprobado científicamente, como alguna vez lo afirmaron en la revista Cambio16 los siquiatras Otto y Paulina Kemberg, autoridades mundiales en las llamadas personalidades fronterizas, que esa visión maniquea de la realidad, esa división del mundo en blanco y negro que, desafortunadamente, fue puesta tan de moda en Colombia en la primera década de este siglo, es un factor muy poderoso como generador de violencia, ya que de esa concepción se desprende, de manera automática, este corolario: “si los otros son los malos y nosotros somos los buenos, nuestro deber con el género humano es librar a los buenos de los malos y, por ende, acabarlos”. Y esa creencia lleva a que los del otro bando piensen de la misma manera pero a la inversa. De modo que, de ahí en adelante, lo que sigue es la guerra y su legitimación. Senador Gaviria, critique, si quiere, las opiniones de la ministra Parody sobre el proceso de paz y sobre el gobierno de Santos, o sus actuaciones como funcionaria responsable de las políticas educativas. Pero respete su dignidad, su derecho a su libertad sexual y su vida privada. Y para usted, ministra, mi solidaridad y mi felicitación por no haber respondido ataques personales. Y también mis felicitaciones a las Farc por haber decretado la tregua unilateral, que tiene que ir seguida de la aceleración de los diálogos y, ojalá, de la suspensión de los bombardeos por parte del Gobierno. ¡Ambos bandos tienen en sus manos la responsabilidad de no dejar escapar esta paz! 

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