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“SIMPLEMENTE NOS QUEDA IMPLOrarle a las Farc que atienda este llamado… Ya hay una comisión… para buscar algún contacto. De otra manera mi papá se va a morir”, rogó Mauricio Lizcano, hijo del ex representante a la Cámara Oscar Tulio Lizcano, secuestrado por las Farc el 5 de agosto del 2.000, en plena época de los mal llamados diálogos de paz del Caguán, pues fue justamente mientras ellos tenían lugar que las Farc secuestraron a Luis Eladio Pérez, a Jorge Gechen, a Gloria Polanco, a tantos….
Alfonso Cano debe liberar ya a Oscar Tulio Lizcano. No puede inaugurar su jefatura de las Farc permitiendo que se muera en sus manos. Y tiene que liberar también al ex diputado del Valle, Sigifredo López, al ex gobernador Alan Jara, al Coronel Mendieta, al hijo del profesor Moncayo, y a los demás civiles y militares en su poder. No sería inteligente que continuara con esa política de secuestros y deshumanización de la guerra que tiene tan comprometido el futuro de las Farc como movimiento revolucionario, pues por ese camino la inmensa mayoría del país ha llegado a odiarlos de tal manera, que las delaciones, que antes eran impensables, ya son pan de cada día.
Y el Presidente Uribe tiene que propiciar el acuerdo humanitario. Tampoco él puede permitir que su gobierno deje como recuerdos, si bien el afortunado rescate de Ingrid Betancourt y compañía, principalmente el escándalo de la para política y la muerte de tantos secuestrados, entre ellos el gobernador de Antioquia, un ex ministro de Defensa y los diputados del Valle. Obviamente que ellos perecieron ante todo por culpa de las Farc. Pero no hubieran muerto si el gobierno hubiera facilitado el acuerdo humanitario y si todos hubiéramos presionado lo suficiente como para que tanto a las Farc como al Presidente no les hubiera quedado más alternativa que dejar de ponerle palos en la rueda y firmarlo.
A propósito, para que no olvidemos la tortura que aún padecen tantos compatriotas en la selva, transcribo algunas de las palabras que en un foro organizado hace un par de semanas por niños del Gimnasio Moderno, pronunciaron los ex secuestrados Gloria Polanco, Luis Eladio Pérez y Guillermo (La Chiva) Cortés.
Dijo Gloria: “Fui sacada con mis dos hijos de mi apartamento en Neiva. Cursaban 8º y 9º. El de 11 años quedó solo. Mi esposo, que era Senador, estaba en Bogotá. Como no lo encontraron me llevaron a mí. A ellos los liberaron a los 3 años y a mí a los 7. Pero mi hogar ya estaba desbaratado porque a mi esposo lo habían asesinado. Gracias a Dios volví a ver a mis hijos. Ahora me toca hacer de papá y mamá. Aún quedan muchos… Pero la insensibilidad es enorme y ninguna de las partes se conmueve”.
Dijo Luis Eladio: “Duré 7 años secuestrado, 4 encadenado, 1 descalzo, padeciendo toda clase de enfermedades (diabetes, infarto) sin recibir asistencia médica. En la selva se están pudriendo muchos que llevan 11 años. No sólo nos atormentaba el secuestro de las Farc sino también el que padecíamos por la indiferencia de la sociedad colombiana. ¿Cómo es posible que ella siga impávida ante el drama de 3000 o 4000 secuestrados?”
Dijo La Chiva Cortes: “Esto no puede seguir. El secuestro afecta a todas las clases sociales. Lo único que los saca de ahí es el acuerdo humanitario. Pero ese no parece ser el punto de vista del gobierno, ni el de las Farc”.
¡Por Dios, Presidente! ¡Por Dios, Alfonso Cano! ¡Por Dios, país!